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Mi Experimento del Deseo en el Club VIP de Ibiza

Ay, chicas, acabo de volver de Ibiza, del club más exclusivo del mundo. Ese donde solo entran millonarios y supermodelos. Me llamo Lucía, y os cuento lo que me pasó con Carlos Durán, un tipo listo, medio loco, que trabaja en un lab high-tech pero vive en yates y jets privados. Me citó en el lounge VIP del hotel, piel de cuero italiano oliendo a rico, champán Dom Pérignon en copas de cristal que tintinean. Llego yo… normalita, eh? Jogging de cachemira gris, sudadera holgada con capucha, zapas blancas. Sin maquillar, pelo en coleta con goma, gafas de sol. ‘Para la prueba’, me dijo por WhatsApp.

Carlos ya está ahí, con su portátil nano y un cacharrito que parece de ciencia ficción. Pelo revuelto, botas de diseño, chaqueta oversize de Prada. Me da la mano, huele a colonia cara, a poder. ‘Siéntate, Lucía. Esto mide el deseo como ondas electromagnéticas. Tú eres el emisor’. Me clava un sensor diminuto en el escote del jersey, rozando mi teta. Uff, un cosquilleo. La pantalla se ilumina: línea verde plana. ‘Nadie te mira así’, dice él riendo bajito. El lounge está lleno de ejecutivos con maletines Louis Vuitton, firmando contratos en mesas de mármol, miradas cruzadas. Humo de puros cubanos flotando, jazz suave de fondo.

La Tensión en el Lounge Exclusivo

Me quito la capucha, sacudo el pelo. La línea sube un poco, naranja pálido. Río, cruzo las piernas… picos rojos cuando un tío de traje pasa y me escanea. ‘Mira, el deseo es energía’, susurra Carlos, ojos brillantes. Hablamos de sus ‘dossiers’: experimentos para oligarcas, medir atracción en fiestas VIP. La tensión sube, sus rodillas rozan las mías bajo la mesa baja. Champán en mi boca, burbujas frías, dulces. ‘Prueba dos: vístete sexy mañana’, dice. Pero el aire ya está cargado, miradas de los otros hombres como rayos en su pantalla. De repente, me dice: ‘Vamos arriba. Suite privada. Para calibrar de cerca’. El lounge VIP se cierra, ascensor de cristal, su mano en mi cintura. Olor a cuero nuevo, su aliento en mi cuello. Puerta se abre: suite con jacuzzi, vistas al mar, cama king size de sábanas de seda negra.

El Clímax Brutal y el Secreto Compartido

Ya dentro, no hay vuelta atrás. ‘Quítate todo’, gruñe Carlos, voz ronca. La pantalla explota en rojo sangre. Me arranco el jogging, bragas de encaje mojadas ya. Él me empuja contra la pared de cristal, frío contra mi espalda desnuda. Sus manos en mis tetas, pellizcando pezones duros. ‘Joder, Lucía, tu coño palpita’. Le bajo la cremallera, su polla dura como hierro salta, venosa, goteando precum. La chupo voraz, lengua en el glande, bolas en mi mano. ‘Mmm, cabrón, sabe a lujo’. Me pone a cuatro patas en la cama, seda rozando rodillas. Me abre el culo, lengua en mi ano, luego dedos en el coño empapado. ‘Estás chorreando, puta exclusiva’. Me penetra de golpe, polla gruesa estirándome, embiste salvaje. ‘¡Fóllame más fuerte!’, grito. Cambio: yo encima, cabalgando, tetas botando, clítoris frotando su pubis. Sudor mezclado con perfume, olor a sexo crudo. Él me da la vuelta, misionero brutal, piernas en hombros, polla clavándose en el fondo. ‘Me corro… ¡ahhh!’. Chorros calientes llenándome, mi orgasmo explotando, coño contrayéndose, jugos por muslos. Jadeamos, cuerpos pegados, piel pegajosa.

Minutos después, vuelta al lounge como reinas. Yo con la misma sudadera, pero ahora con brillo en los ojos. Él cierra el portátil, firma un ‘contrato’ falso con otro VIP. Champán otra ronda, sonrisas cómplices. Nadie sabe: el sensor aún en mi pecho late bajito. ‘Secreto de élite’, me guiña. Salgo al jet privado que me espera, coño dolorido pero feliz, adrenalina de poder y exclusividad. ¿Repetimos, Carlos?

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