Trabajo en una consultora top, de esas que facturan millones con contratos exclusivos. Mi jefe, un crack, nos montó un finde de cohesión en París, en el Mandarin Oriental. Todo pagado, con parejas. Yo, Sofía, de 42, casada con Carlos, 47. Venimos del sur, y este lujo nos flipa. TGV en primera, taxi negro reluciente hasta el hotel. Marie… digo, yo, aluciné con el lobby: mármol, cristales, olor a cuero nuevo y jazmín.
Check-in. Habitación brutal: cama king, sábanas de seda, vistas a la Torre Eiffel. Duchita rápida. Carlos me mira mientras me desnudo. Mi coño siempre liso, pero hoy hace días. ‘Pásame la crema’, le digo. Él observa, hipnotizado, cómo rasuro suave. Agua caliente cayendo, vapor. Me enjuago el clítoris, gimo bajito. Él no aguanta: se arrodilla, lengua en mi raja fresca. ‘¡Joder, Carlos!’ Sus manos en mis nalgas firmes, del gym. Lame, chupa mi botón. Me corro rápido, piernas temblando. Él se levanta, me penetra de pie. Besos salados, follamos fuerte. Eyacula dentro, yo grito suave. ‘Tenemos tiempo’, dice riendo.
El lujo parisino y la tensión que sube
Me visto: vestido negro ceñido, tacto seda, tanga blanca encaje, sujetador a juego. Gota de Opium, aroma intenso. Bajamos al salón. Cena champán Dom Pérignon, burbujas dulces, ostras frescas. Presentaciones. Juan Pedro, 62, viudo, el senior más fit. Exmilitar, cuerpo de acero, sin un gramo. Amigos de misiones pasadas. Charla contratos, risas. A las 23h, algunos a club. Nosotros no. JP: ‘¿Piscina?’. Privada, sin socorrista. ‘Vale, boxers sirven’. Piscina interior, agua 28º, luces tenues.
Nos cambiamos. Carlos y JP primero, chapotean. Yo dudo… Primera vez desnuda ante otro hombre. Me quito vestido, tanga blanca mojada al entrar. Nado, pechos firmes flotando. JP nada brazadas perfectas. Reposo. Veo sauna. ‘¿Funciona?’, pregunta Carlos. JP chequea: sí, eléctrica. Entramos. Piedras calientes, vapor al echar agua. Olor a madera húmeda, calor envolvente. Me siento en banco, piernas cruzadas. Mi tanga transparente, coño depilado a la vista, labios hinchados. Pezones duros bajo sujetador húmedo.
El clímax salvaje y el secreto elite
JP en taburete, mirada discreta pero clavada. Carlos: ‘Esto nos pone, ¿eh?’. Silencio. ‘Nuestros juguetes… uno se llama Juan Pedro. El grande’. JP ríe: ‘¡Coño! ¿En serio?’. Yo roja, pero coño palpita. ‘Sofía lo eligió’. ‘¿Y qué tal el verdadero?’, bromea él. ‘Vivo, caliente…’. Tensión. ‘Quítate el sujetador, como en playa’, dice Carlos. Lo hago, tetas libres, perfectas. Él las besa. ‘JP, si quieres…’. Él duda, toca suave. Suspiro. Carlos saca polla dura, a mi boca. Chupo, saliva goteando.
JP lame mis tetas, muerde pezones. Me tumbo. Carlos folla mi boca, JP mi coño con dedos. ‘¡Qué mojada!’. Cambio: JP polla enorme, venosa, entra despacio. ‘¡Dios, qué gruesa!’. Carlos en mi culo, lubricado. Doble penetración, sauna ardiendo. Gimo: ‘¡Folladme fuerte!’. Pollas rozando dentro, clítoris frotado. Me corro gritando, chorro saliendo. Ellos alternan: JP en coño, Carlos en culo. ‘Córrete dentro’, suplico. JP eyacula profundo, caliente. Carlos sigue, me llena.
Ducha final. JP me levanta, polla en coño. Carlos detrás, en culo otra vez. Orgasmo brutal, grito ecoa. A rodillas, chupo ambas pollas, leche en boca, trago gustosa. Salimos sauna, piscina fresca. Nos vestimos. ‘Nadie sabrá’, dice JP sonriendo. Subimos, beso Carlos. Mañana, desayuno normal. Miradas cómplices con JP. Secreto elite, poder y placer puro. París nunca igual.