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Mi noche salvaje en el yate privado del magnate

Era septiembre, aún hacía calor en la Costa Brava. Acababa de mudarme a mi ático en el barrio más chic de Barcelona después del divorcio. Dinero a raudales, vida nueva. Carlos, el magnate que me presentó mi abogado, me invitó a su yate privado anclado en una cala exclusiva. Olor a sal marina mezclado con cuero italiano nuevo de los sofás. Champagne Dom Pérignon helado, burbujas picantes en la lengua.

Yo, María, española de 42, tetas firmes y culo prieto, abierta como el mar. Conmigo, mi amiga Lola, pelirroja voluptuosa de 22, virgen pero con curvas que matan: pechos enormes, piel pálida como la seda. Y Pablo, el guitarrista joven, 20 años, con su instrumento nuevo colgado a la espalda, invitado para ambientar. Carlos, 50, potente, toca el saxo en secreto, empresario que firma deals de millones.

El yate, los contratos y las miradas que queman

Estábamos en la cubierta VIP, firmando contratos. Carlos revisaba los papeles de inversión para Lola, que quiere montar su galería. ‘Firma aquí, preciosa’, le dice, ojos clavados en sus tetas bajo el top ajustado. Yo sirvo más champán, siento su mirada en mi escote. Pablo rasguea acordes suaves, nervioso. La tensión sube. Olor a su colonia cara, caro como su Rolex. Lola se sonroja, yo rozo su pierna con la mía. ‘¿Todo bien?’, pregunto bajito. Carlos cierra el maletín. ‘Ahora, privacidad total. Fuera el staff’. Las puertas de la suite principal se cierran, luces tenues, música baja. Solo nosotros cuatro en el paraíso flotante.

La cosa explota rápido. Lola se sienta al lado de Carlos, yo con Pablo. Miradas calientes. ‘Muéstrame tu instrumento, Pablo’, digo juguetona. Él saca la guitarra, acordes torpes. Carlos ríe, saca su saxo. Yo me acerco a Pablo, mano en su muslo. ‘Tócala suave’, le susurro. Lola mira, mordiéndose el labio. Carlos la rodea con el brazo, mano en su vientre. ‘Relájate, nena’.

De repente, Lola se levanta, top fuera. Sus tetas enormes saltan, pezones rosados duros. ‘Dios…’, murmura Carlos. Yo sigo, desnudo mis tetas medianas pero perfectas. Pablo traga saliva. ‘Chicas…’, balbucea. Céline… digo yo, le bajo el pantalón. Su polla media pero tiesa salta. ‘Chúpala, Lola, como yo te enseñé’. Ella duda, ‘Eh… no sé…’. Carlos ya tiene su verga gorda fuera, 18 cm fáciles, venosa. La mía… de Pablo la mamo primero. Labios en el glande, lengua girando, saliva chorreando. ‘Joder, qué bien…’, gime él.

El clímax brutal y el regreso al lujo impecable

Lola imita, rodillas ante Carlos. ‘Abre la boca, despacio’. Él guía su cabeza pelirroja. Glup, engulle la punta. ‘Así, chúpale la polla como una puta fina’. Yo acelero en Pablo, garganta profunda, bolas en la mano. Olor a sexo, sudor caro. Luego, cambio. ‘Pablo, fóllame el coño ya’. Me tumbo en el sofá de cuero, piernas abiertas. Mi chochito depilado brilla mojado. Él entra torpe, ‘¡Ay! Más hondo, cabrón’. Carlos pone a Lola a cuatro patas. ‘Tu virginidad acaba aquí, zorrita’. Empuja lento, rasga su himen. ‘¡Duele! …pero sigue…’. Sangre leve, pero ella gime placer. Él la taladra, tetas balanceándose, palmadas en el culo blanco.

Yo monto a Pablo, coño apretando su polla. ‘Fóllame fuerte, jovencito’. Reboto, clítoris frotando. Carlos grita: ‘Me corro en tu coñito virgen, puta’. Eyacula dentro, chorros calientes. Lola chilla orgasmo. Pablo no aguanta, ‘¡Me vengo!’. Le saco, semen en mis tetas. Yo me corro frotándome, jugos por las piernas. Sudor, semen, champagne derramado. Olores intensos: esperma salado, coños calientes.

Minutos después, duchas rápidas en el baño de mármol. Nos vestimos, sonrisas cómplices. Carlos abre otra botella. ‘Brindemos por los negocios cerrados’. Lola, piernas temblorosas, firma el contrato con guiño. Pablo rasguea de nuevo, fingiendo normalidad. ‘Hasta la próxima jam session’, digo. Bajamos al muelle como si nada. Secreto de élite: pollas folladas, virginidades rotas, en el yate de lujo. Adrenalina pura, poder y placer exclusivo. Aún siento el cuero en la piel, el sabor de polla en la boca.

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