Acabo de bajar del jet privado, el viento salado me azota la cara. El yate de Rafael brilla bajo las luces de la costa, todo cristal y acero pulido. Huelo el cuero caro de los asientos cuando subo a bordo. Estoy aquí por él, mi viejo amigo… o algo más. Le mando un wasap: ‘Estoy en tu yate. ¿Puedo verte?’. Silencio. Miro por la cristalera del salón VIP, su silueta borrosa tras los sofás de piel. ¿Me ignora? El corazón me late fuerte.
Entro al lounge exclusivo, champán burbujeando en copas de cristal. Hay ejecutivos con trajes a medida, firmando contratos sobre mesas de mármol. Rafael está ahí, rodeado de dossiers, su mirada fría me esquiva. Me siento en la barra, piernas cruzadas en mi vestido de seda negra que roza mi piel. Entonces, él: Wilhelm, mi polvo de la uni, ahora socio en finanzas. Se sienta a mi lado, su colonia amaderada me envuelve. ‘¿Qué haces aquí, preciosa?’, dice con esa sonrisa lobuna.
La Tensión en la Zona VIP
Hablamos bajito, el jazz suave de fondo. ‘Vine por Rafe… pero me ha dejado colgada’, susurro, mordiéndome el labio. Él ríe, su mano roza mi muslo bajo la barra. ‘Olvídalo. Mira estos contratos’, dice, deslizando un dossier. Nuestros ojos se clavan, la tensión sube. Siento su calor, el roce de su traje contra mi seda. ‘Ven a mi suite privada’, murmura, ‘allí cerramos el trato’. El salón VIP se vacía poco a poco, nos quedamos solos. Su aliento en mi cuello: ‘No aguantas más, ¿verdad?’.
La puerta de la suite se cierra con clic metálico. Olvidamos los papeles. Me empuja contra la pared forrada de terciopelo, sus labios devoran los míos, lengua invasora, sabor a whisky caro. ‘Quítate eso’, gruñe, rasgando mi vestido. Mis tetas saltan libres, pezones duros. Él chupa uno, muerde suave, yo gimo: ‘Sí… más’. Le bajo el pantalón, su polla salta tiesa, gruesa, venosa. La agarro, masturbo fuerte, pre-semen en mi palma resbaladiza.
El Sexo Brutal sin Filtros
Me tira en la cama king size, sábanas de satén frío contra mi culo desnudo. Abre mis piernas: ‘Mira ese coño mojado, puta’. Lame mi clítoris, lengua girando, dedos metidos hondo, chapoteo obsceno. ‘¡Joder, Wilhelm!’, grito, arqueo la espalda. Me folla con la boca, sorbe mis jugos, huelo mi propia excitación mezclada con su sudor. Luego, se pone de rodillas, polla en mi entrada: ‘Te voy a romper’. Empuja de un golpe, llena mi coño hasta el fondo, dolor-placer. Bombea salvaje, pelotas golpeando mi culo, ‘¡Más fuerte, cabrón!’.
Cambio de posición, yo encima, cabalgo su verga como una loca, tetas rebotando, uñas en su pecho. Él agarra mis caderas, sube y baja, ‘Córrete, zorra’. Siento el orgasmo venir, coño apretando su polla, grito ahogada. Él se corre dentro, chorros calientes inundándome, semen goteando por mis muslos. Sudor, gemidos, olor a sexo puro en el aire lujoso.
Minutos después, nos vestimos. Champán de nuevo en mano, él firma un contrato falso: ‘Buen negocio’. Salimos al lounge, sonrisas perfectas, como si nada. Rafael nos ve, pero no sabe. Nuestro secreto elite, esa follada brutal en su yate. Me voy con piernas temblorosas, recordando su polla aún palpitando en mí. Mañana, todo normal. Pero yo… yo quiero más.