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Mi noche salvaje en el yate privado: Noemí, Tomás y yo sin límites

Acabábamos de cerrar unos contratos millonarios en la cubierta del yate. El aire salado se mezclaba con el olor intenso del cuero de los asientos y el fizz del champagne Dom Pérignon, frío y burbujeante en la lengua. Yo, con Noemí, mi chica de 24 años, rubia perfecta con curvas que volvían loco a cualquiera. Nos conocimos en la uni, ahora en el mundo VIP, fiestas exclusivas y jets privados. Éramos jóvenes, pero ya jugábamos en la liga de los privilegiados.

El grupo de amigos élite organizaba esta ‘noche de integración’ para nuevos miembros del club. Juegos locos, pero con clase: nada de bizutages cutres, solo diversión consensuada en este paraíso flotante. Todos en bikinis y slips caros, cuerpos aceitados bajo las luces LED. Noemí y yo en un sofá de seda, repasando dossiers con Tomás, el soltero guapo, músculos de capoeira y sonrisa de depredador. Sus ojos se clavaban en las tetas de Noemí, y yo… yo sentía el calor subir.

La tensión sube en la cubierta exclusiva

Entramos tarde en la suite VIP, oliendo a sexo y sudor fino. Noemí se pone un baby doll de seda negra, yo un tanga diminuto. Nos besamos, lenguas jugosas, mis manos en su culo firme. ‘Apaga la luz, amor’, susurra ella. Pero yo enciendo la lámpara dorada. ‘Déjame verte’. Ella baja las sábanas de hilo egipcio, agarra mi coño… espera, no, mi clítoris palpita ya. Su boca en mi chochito, lengua suave, yo gimo bajito.

De repente, la puerta cruje. Tomás entra, borracho de Moët, con esa pose de galán. ‘¿Qué hacéis aquí, tortolitos? ¡Arde la fiesta!’. Se ríe, se desabrocha la camisa de lino, imitando un striptease ridículo. ‘Hace caaalor…’. Baja el pantalón, boxer ajustado marcando paquete. Noemí se ríe nerviosa, yo aplaudo. Él se gira, baja el boxer lento, culo prieto al aire. ‘¡Necesito ánimos!’, grita. Aplaudimos más fuerte.

¡Pum! Salta al colchón king size, polla semi dura rebotando en su muslo, justo entre nosotras. ‘Buenas noches’, dice como si nada. Olía a colonia cara y mar. Noemí lo mira hipnotizada, yo siento celos… y excitación. ‘Has perdido la ropa, guapo’, le digo. ‘Ayúdame’, responde. Me quito el tanga, tetas al aire. ‘Noemí, tú también’. Ella duda, ríe: ‘Vale…’. Se arranca el baby doll, pezones duros como diamantes. ‘¡La braguita!’, cantamos. La tira, coño depilado brillando.

La tiro lejos, Tomás va a cuatro patas como perro juguetón, culo abierto mostrando huevos colgando. Noemí queda expuesta, mano en su raja húmeda. ‘Igualdad, nena’, le ordeno. Ella obedece, piernas temblando. Tomás vuelve con la prenda en la boca, salta sobre mí, piel suave rozando mi piel. ‘Esto no es mío, llévaselo a tu dueña’, le digo, palmeando su culo.

El fuego desatado en la suite privada

Él salta sobre Noemí, la empuja con la nariz, yo me pego por detrás. Mi coño roza su culo, ya empapada. Empujo, mi lengua en su ano mientras él le lame el clítoris. ‘¡Joder, sí!’, grita ella. Cambio: agarro su polla gorda, la chupo profunda, primera vez con él. Sabe a sal y deseo. Noemí gime sola. ‘Ocupaos de mí’, suplica. ‘Primero nos das, puta’, respondo yo, cabreada y cachonda.

La pongo de rodillas: ‘Chúpamela bien’. Obedece, garganta profunda, dedos en su coño chorreando. Cambio con Tomás, ella nos mama alternas, pollas tiesas palpitando. ‘Ahora, perra, a cuatro’. Tomás debajo, lamiéndole el chocho. Yo detrás, dedo en su culo, luego mi strap-on… no, imaginemos: penetro su coño con un dildo enorme que traía, él en su boca. Pero real: Tomás la folla el coño, yo le meto dedos en el culo, luego polla de él sale y yo la guío al ano.

Doble penetración: Tomás en coño, yo con dildo en culo, o él cambia. ‘¡No cabe!’, dice ella. ‘Relájate, zorra’. Entramos lento, paredes finas rozando, ella grita: ‘¡Folladme más!’. Sudor, olor a sexo puro, champagne olvidado. Acelero, pillo su clítoris, ella explota squirteando. Tomás eyacula en su coño, yo en su boca, semen caliente bajando barbilla.

Caemos exhaustos. Mañana, desayuno en cubierta: caviar, vistas al mar. Beso a Noemí, check a Tomás. ‘Buen finde’, digo casual. Secretos de élite, nadie pregunta. Rompo con ella esa noche. Real hasta el salto al colchón… después, puro fuego ficticio.

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