Hace un puto calor de muerte en esta suite presidencial del Mandarin Oriental en Barcelona. Mi marido y los niños se largaron dos días a un resort con parque acuático VIP. Yo, ni de coña, odio esa mierda infantil. Él trabaja como loco, por fin tiempo con ellos. Yo… sola por fin. Toneladas de contratos por revisar, papeles de inversiones, pero qué asco con esta ola de calor.
Me ducho, agua fresca resbalando por la piel. Me pongo un top de seda escotadísimo, short diminuto sobre el tanga, tetas libres bamboleando. Me miro al espejo… joder, estoy buenísima. Si viera Pablo, mi marido… Pero no, pienso en Víctor, ese colega de oficina con manos gruesas. Me estremezco.
La tensión sube entre contratos y miradas ardientes
Me tiro en el sofá de cuero negro, olor a lujo caro impregnando el aire. Música suave de fondo, coño ya despierto. Manos paseando solas… pezones duros contra la seda, suave roce. Cierro ojos, imagino esas manos ajenas. Bajo al short, dedos rozando labios húmedos. No quiero correrme fuerte, solo mantener el fuego…
¡Ding! Timbre. Salto, pelo revuelto, top torcido mostrando media teta. Abro: un tío joven, traje impecable de empleado VIP, carpeta en mano. Trae los contratos originales para firmar, cortesía del banco asociado del hotel, más muestras de champán y helados gourmet congelados. Se queda parado, ojos clavados en mi escote. ‘Perdón… eh, señora, los documentos’. Balbucea, rubio, musculoso bajo camisa.
Río nerviosa. ‘Pasa, hace un calor infernal’. Lo sientan en la mesa de mármol, sirvo champán Dom Pérignon, burbujas picando en lengua. Se acerca con la tablet para mostrar cláusulas, contratos digitales. Nuestras manos rozan al girar pantalla. Frío metal, calor piel. Siento pezones tiesos, él mira de reojo. ‘Firma aquí… ¿ve bien?’. Voz ronca. Me agacho al minibar por hielo, culo en pompa, sé que me come con ojos. Regreso, rozamos rodillas.
Pido helados de la muestra. Va al carrito refrigerado afuera, vuelve. Nos sentamos cerca, chupamos polos despacio. Silencio cargado. Gotea en mi escote, hielo frío bajando. Él duda… acerca dedo, recoge, chupa mirándome. ‘Uy…’. Dejo caer más, adrede. Se inclina, lengua directa en piel, saboreando. Boca a boca, beso salado dulce. Manos enredadas, tetas apretadas contra él. Suite ahora privada, puertas cerradas.
El polvo intenso y el regreso a las apariencias
Me levanto, ‘Desnúdate’. Tiro top, tetas libres. Él se arranca camisa, pantalón. Polla enorme abultando bóxer. ‘Ducha, hace calor’. Entro baño mármol, tanga al suelo. Agua caliente nos envuelve. Me gira, besa cuello, polla dura contra culo. Me arrodillo sorpresa, lengua en raja, abre nalgas. ‘¡Joder!’. Lame coño, sube a ano, gira círculo. Marido nunca… Dedos pellizcan clítoris. Exploto gritando, piernas temblando.
Me saca, moja, a mesa. Piernas abiertas, polla entra de golpe. ‘¡Fóllame fuerte!’. Embiste brutal, coño chorreando, tetas rebotando. Olor sexo mezclado champán. Otro orgasmo me parte, uñas en espalda. Él aguanta, sale elegante, agua fría revive.
Lo empujo sofá. ‘Mi turno’. Arrodillo, huelo polla venosa, bolas pesadas. Lamo eje, chupo huevos, lengua en culo él gimiendo. ‘¡Qué puta soy…!’. Me excita. Gobo polla entera, garganta profunda, saliva goteando. Ritmo loco, él tenso. ‘Me corro…’. Miro fijo, trago chorros calientes, salados, interminable. Limpio gotas, beso tierno.
Abrazo. ‘Gracias’. ‘¿Prisas?’. ‘No, estoy de lujo’. Segunda ducha, jabón resbalando. ‘Última frontera: mi culo tuyo’. Pero hora, se viste profesional. Beso rápido. ‘Nuestro secreto elite’. Sale impecable, yo ordeno suite, champán vacío. Apariencias intactas, fuego dentro.