Ay, chicas, acabo de bajar de ese yate privado que me ha dejado temblando. Era uno de esos cacharros de millonarios, cruzando el Mediterráneo de noche, con el mar negro brillando bajo las estrellas. Yo, Carmen, siempre abierta a lo exclusivo, subí con mi amiga Julieta. Ella viaja mucho por curro, siempre en jets y yates. Olía a cuero nuevo y sal marina, el champán Dom Pérignon burbujeaba en copas de cristal, frío y dulce en la lengua.
Estábamos en la zona VIP, sofás de piel suave rozando mis muslos desnudos bajo el vestido de seda. Ahí apareció Luis, alto, con traje arrugado pero ojos hambrientos. ‘¿Compartís suite?’, nos dijo el mayordomo con guiño. Habíamos pedido una cabina de última hora, anulada, baratísima para nosotras. Él dudó, pero el tipo del mostrador susurró: ‘Si las chicas la quieren…’. Luis nos miró, yo le sonreí, Julieta soltó una risita. ‘¿Por qué no? A tres’, propuse. Pagamos, entramos. La suite era diminuta pero lujosa: cama king separada de literas por una mesita, baño con mármol, luces tenues.
El yate de lujo y la chispa inicial
Nos presentamos entre sorbos de champán que trajimos. ‘Luis, de Madrid’. Yo en pijama corto de satén, Julieta en camisón fino. Él se quitó la camisa, pecho velludo, un poco de panza sexy. Miradas cruzadas mientras nos duchamos. Yo primero, agua hirviendo en chorro masajeando tetas y coño, dedos resbalando dentro, gimiendo bajito. Salgo, short subido mostrando mi raja depilada. Luis traga saliva, rojo. ‘Perdón…’, balbucea. ‘Mira todo lo que quieras, pero sin tocar’, digo riendo, piernas abiertas en la litera alta.
Julieta sale, pezones duros marcando la tela, culo al aire al agacharse. Él corre al baño, polla tiesa en el pantalón. Oímos la ducha, jadeos. ‘Se está pajando por nosotras’, susurra ella. Ponemos una peli en su portátil, ‘Juntos es todo’, riendo de frases calientes: ‘Te follo después de las crêpes’. Ella se descubre el coño pelirrojo, yo el mío. Luis sale, bermuda tentada. Tension en el aire, piel erizada.
Explosión de placer crudo y regreso al glamour
De repente, luces bajas, barco meciéndose. Julieta baja de su litera, se mete en la cama de él. ‘Ven, Carmen’, murmura. Bajo, satén rozando pezones. Él nos besa, lengua áspera, manos grandes amasando tetas. ‘Joder, qué ricas’, gruñe. Le bajo el short, polla gorda saliendo, venosa, cabeza morada. La chupo, saliva chorreando, Julieta lamiendo huevos. ‘Mmm, cabrón, qué dura’. Él nos pone a cuatro, alterna: folla mi coño mojado, chapoteo fuerte, ‘¡Ah, sí, métemela toda!’. Huele a sexo, sudor y champán. Me corre dentro, caliente, luego a ella en la boca, tragando gemidos.
Yo monto su cara, coño en lengua, clítoris chupado hasta correrme gritando bajito. Julieta cabalga su polla recuperada, tetas botando, ‘¡Fóllame fuerte, joder!’. Él la empala, nalgas rojas de palmadas. Trío salvaje: yo lamo su ano mientras él la penetra, dedos en mi culo. Orgasmo grupal, cuerpos pegajosos, semen goteando.
A la mañana, amanecer dorado. Nos duchamos rápido, vestimos impecables. Desayuno en cubierta: caviar, café, sonrisas educadas. ‘Buen viaje’, dice él guiñando. Bajamos como reinas, piernas flojas pero cara de póker. Secreto elite, solo nuestro. Uff, qué subidón de poder y placer.