Ay, chicas, soy Sofia, 39 años, productora en una cadena top de Madrid. Vida de lujo: jets privados, yates, hoteles 5 estrellas. Pero esa noche en el hotel de Marbella, todo explotó. Supervisaba un rodaje porno exclusivo para un canal premium. Alex, el actor principal, con su polla legendaria, y Lola, su pareja fija, la reina del hardcore.
El yate nos llevó hasta la suite presidencial. Olor a cuero nuevo en los asientos, burbujas del champán Dom Pérignon picando en la lengua. Durante la cena de negocios, firmamos contratos bajo luces tenues. Alex me lanzaba miradas que me mojaban el tanga de seda. ‘¿Todo bien con el guion?’, me preguntó, su voz grave rozándome la piel. Yo, fingiendo profesional, ‘Sí, pero necesito verte a solas después’. Lola observaba, celosa, con su cuerpo de diosa tatuada.
La tensión en el yate privado
Subí a su suite. Puertas doradas, vistas al mar. Dudé, el corazón latiéndome fuerte. Golpeé suave. Silencio. Luego, risitas femeninas. Perdí los nervios, aporreé. Se abrió: Alex, torso desnudo, sudor brillando. ‘¿Qué quieres, Sofia?’. ‘Entrar. Sé que no estás solo’. Empujé, y ahí estaba Lola, en tanga, sobre la cama king size de sábanas egipcias.
‘¡Mientes como un cerdo! ¿Celibario tú?’. Grité, furiosa. Ella se levantó, me dio una bofetada que ardió. Iba a devolvérsela, pero Alex me atrapó las muñecas. ‘Cálmate, joder’. Me abrazó fuerte, olía a colonia cara y sexo. Besó mi pelo, mi frente, mis lágrimas saladas. ‘Te quiero’, susurró. Me derretí. Sus labios capturaron los míos, lengua invasora, dulce como el champán.
Lola se acercó, acarició mi cara. ‘Shhh’. Desabotonó mi blusa, mis tetas saltaron libres, pezones duros. Alex mordió el izquierdo, un espasmo me recorrió el coño. Ella chupó el otro, lengua experta. Gemí, jadeante. Bajé su bóxer: su polla semi-dura, gruesa, venosa. La agarré, la masturbe mirándolo fijo. Lola detrás, uñas en su pecho. Se puso tiesa como hierro. Me arrodillé, lamí la hampe, sabor salado. Ella lamió su culo, lengua en el ano. Chupé el glande, garganta profunda. Ella guió mi cabeza, ‘Más hondo, puta’.
El clímax sin límites y el secreto compartido
Me desnudó del todo. Dedos en mi coño empapado, ‘Mira cómo chorreas’. Subió al ano, circular. Protesté, ‘No…’. Pero él succionó sus dedos, relucientes de saliva. Los clavó en mi culo virgen. Dolor-placer, aspiré. Me puso a cuatro patas. Alex en la cama, yo cabalgándolo en boca mientras Lola lamía mi ojete, saliva chorreando. ‘Estás lista’, dijo ella, escupiendo entre nalgas.
Preservativo puesto. Me penetró el coño primero, resbaladizo. Luego, raie arriba-abajo. En la puerta del culo, empujó. ‘¡Ahh! Duele…’. Sphincter resistiendo su glande enorme. Insistió, manos en caderas. Entró, centímetro a centímetro. ‘¡Sigue! Más fuerte’. Me abrí, orgullo y éxtasis. Hasta las huevos contra mi piel. Sin dolor, solo plenitud. Bombeó, lento luego brutal. ‘¡Fóllame el culo, cabrón!’. Paloma debajo en 69, lamiendo mi clítoris hinchado. Yo ignoré su coño ofrecido.
Sacha aceleró, sudor goteando en mi espalda. Esperaba su leche inundándome. Pero se sacó, quitó el condón, metió en la boca de Lola. Ella tragó casi todo, una gota en su labio. Me miró, victoriosa. Yo, vacía, pero saciada.
Nos vestimos en silencio. Besos suaves. ‘Nuestro secreto de élite’, dijo Alex. Bajamos al bar como si nada. Contratos firmados, sonrisas falsas. Pero en mi mente, su polla reventándome el culo para siempre.