Estaba en el yate de mi familia, anclado frente a la Costa Brava. Octubre, mar calmado, sol tímido filtrándose entre nubes. Olor a cuero nuevo en los asientos, salitre mezclado con el perfume caro de Chanel. Él, un inversor ruso, alto, musculoso, ojos grises como el acero. Revisábamos contratos en la mesa de teca, copas de Dom Pérignon burbujeando. ‘Firma aquí’, dije, rozando su mano. Su mirada… uf, subió por mi escote, la seda de mi blusa blanca pegándose un poco por el calor.
Yo, con mi bikini negro bajo el vestido ligero, piernas largas bronceadas. Él en camisa ajustada, pantalón que marcaba paquete. ‘¿Todo claro?’, murmuró, voz grave. Asentí, pero mis pezones se endurecieron. El equipaje se fue a tierra por orden mía. ‘Privacidad absoluta’, le guiñé. Espacio VIP nuestro. Solo nosotros, el mar y la brisa que olía a libertad. Me quité el vestido despacio, quedando en bikini. ‘Hace calor, ¿no?’. Él tragó saliva, ojos fijos en mis tetas firmes. ‘Sí… joder’. Se desabrochó la camisa, torso tatuado, músculos tensos. Su polla ya asomaba dura bajo la tela.
La tensión en la cubierta privada
Me tumbé en el diván de cuero, piernas entreabiertas. ‘¿Quieres ver más?’. Él, sin palabras, bajó el pantalón. Polla gorda, venosa, sin un pelo, cabezota roja brillando. ‘Mira eso…’. Empecé a tocarme por encima del bikini, humedad empapando. ‘Quítatelo todo’, gruñó. Desaté el top, tetas al aire, pezones duros como piedras. Brazos cruzados un segundo, luego abiertos. Bajé el tanga, coño depilado, labios hinchados, mojado reluciente. ‘Joder, qué coño tan rico’. Él se masturbaba lento, mano subiendo y bajando esa verga enorme.
La tensión explotó. Me abrí de piernas, rodillas altas, coño abierto como una puta invitación. Dedos en mi clítoris, frotando fuerte. ‘Mírame… fóllame con los ojos’. Él aceleró, huevos lisos balanceándose. ‘Vas a correrte, ¿verdad?’. Grité bajito, ‘Sí… aaaah’. Chorros de jugo salpicando el cuero, olor a sexo puro. Metí dos dedos en el coño, luego en el culo, estirándome. ‘Mira mi ano… métela aquí’. Él jadeaba, ‘Puta de lujo…’. Eyaculó fuerte, leche espesa en chorros al aire, salpicándome las tetas.
El clímax sin filtros y el regreso al lujo
Pero no paré. Agarré mi estuche de gafas rojo, frío metal contra mi coño ardiendo. ‘Mira esto…’. Lo empujé adentro, grueso, llenándome. ‘¡Joder, qué prieta!’. Follando con el objeto, tetas rebotando, pellizcándome pezones. Él se la meneaba de nuevo, polla tiesa. Orgasmo brutal, squirt potente, mojando todo. ‘¡Me corro… aaaah!’. Cuerpo temblando, ano expuesto, dedos dentro.
La lluvia fina empezó, limpiándonos. Me vestí rápido, él también. Copas de nuevo en mano, contratos firmados. ‘Buen negocio’, sonreí, como si nada. Él guiñó, ‘El mejor secreto’. Bajamos al muelle, él al jet privado, yo al Rolls. Ese fuego elite, solo nuestro. Todavía huelo su semen mezclado con champagne.