You are currently viewing Mi entrevista ardiente en el yate privado del conde
Samsung Techwin

Mi entrevista ardiente en el yate privado del conde

Acabo de bajarme de ese yate privado frente a Ibiza, y aún siento el calor en la piel. El conde de Bienencourt buscaba una asistente personal exclusiva, y yo, Justine, una española de 25 años con curvas que vuelven locos, respondí al anuncio. El aire salado del mar se mezclaba con el olor a cuero italiano de los asientos y el burbujeo del champán Dom Pérignon en copas de cristal. William, el mayordomo, alto, traje impecable, ojos que perforan, me esperaba en la sala principal, todo mármol y cristal, con vistas al horizonte infinito.

Me invitó a sentarme en un sofá de seda negra, sus manos rozando las mías al pasarme el contrato. ‘Justine, tus referencias son perfectas, pero aquí exigimos devoción total… discreción absoluta’, dijo con voz grave, bajando el tono. Yo asentí, nerviosa, sintiendo su mirada en mis tetas bajo el vestido ajustado. Bebí un sorbo, el champán frío y dulce en la lengua, mientras él hojeaba papeles, pero sus ojos… ay, subían por mis piernas largas. ‘Prueba el uniforme, en esa cabina’, murmuró, señalando un panel oculto.

La tensión en la suite VIP del yate

Entré, corazón latiendo fuerte. El vestido era negro, cortísimo, escote profundo, con medias de seda y un tanga blanco de encaje que apenas cubría mi coño depilado. Salí, cohibida: ‘Es… un poco corto, ¿no?’. Él sonrió, devorándome: ‘Perfecto. Camina para mí’. Di pasos torpes, el tacón resonando en la madera pulida, sintiendo el aire fresco en los muslos.

‘Monte esa escalera y coja el libro rojo de arriba’, ordenó, señalando una estantería. Subí, la falda subiendo, mi culo al aire, el tanga hundiéndose entre nalgas. Intenté bajarla, roja: ‘Perdón, señor, yo…’. Él se acercó por detrás, su aliento en mi cuello: ‘Tranquila, corrijo tu postura’. Su mano en mi espalda, presionando, y su polla dura rozando mi entrepierna a través del pantalón. ‘Así, agáchate más’. Me incliné, expuesta, oliendo su colonia cara mezclada con deseo.

El clímax brutal y el secreto de élite

El espacio se volvió privado, las luces bajas, el mar meciéndonos. Tiró un pañuelo al suelo: ‘Récogelo, piernas rectas’. Obedecí, busto sobre la mesa de caoba, tetas aplastadas, culo en pompa. Él pegó su cuerpo al mío, polla tiesa frotando mi tanga húmeda. ‘Bien, muy bien’, gruñó, manos en mis caderas, amasando mis nalgas firmes. ‘Señor, esto no es… eh…’. ‘Shh, parte del servicio’. Sus dedos bajaron, rozando mi raja, el encaje mojado. ‘Estás empapada, puta cachonda’.

Me giró un poco, sacó su polla gruesa, venosa, cabezona, y empezó a pajearse lento, mirándome el culo. ‘Mira lo que me haces’. Yo gemí, coño palpitando, jugos chorreando. Aceleró, mano volando, bolas pesadas balanceándose. ‘Voy a correrme en ti, zorra’. Gruñó fuerte, chorros calientes de lefa espesa salpicando mi muslo por encima de la media, goteando pegajosa. El olor a semen fresco invadió todo, mi piel ardiendo.

Se recompuso en segundos, traje perfecto de nuevo. ‘Bienvenida, Justine. Tu servicio empieza ya. Firma aquí’. Me tendió la pluma, sonrisa profesional, como si nada. Yo, piernas temblando, semen secándose, firmé. Él sirvió más champán: ‘Discreción, ¿eh?’. Asentí, secret shared en este mundo de élite. Salí al jet privado que me esperaba, sabiendo que volveré por más.

Leave a Reply