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Mi follada salvaje con el marido de mi hermana en su yate privado

Ay, chicas, acabo de volver de ese viaje loco en el yate privado de mi hermana en la Costa Azul. Ella, siempre tan glamurosa, con su tripa de embarazada de seis meses brillando bajo el sol, y su marido, ese tiburón de los negocios, alto, fuerte, con ese aire de poder que me pone a mil. Yo soy Luba, su hermana mayor, un poco más curvilínea, digamos generosa en curvas, pero con un fuego dentro que no se apaga. Llegué de Madrid para un ‘break’ familiar, pero el lujo de ese yate… uf, olor a cuero nuevo de los asientos, brisa salada mezclada con el perfume caro de mi hermana, copas de champagne Dom Pérignon que burbujean en cristalería fina.

Estábamos en la cubierta principal, revisando contratos millonarios. Mi hermana gesticulaba emocionada, ‘Mira, Luba, este deal nos va a hacer ricos del todo’. Yo asentía, pero mis ojos se clavaban en él, en su camisa blanca ajustada marcando pectorales, en cómo se pasaba la mano por la barba incipiente. Él me pillaba mirándolo, sonrisa pícara, ‘¿Todo bien, cuñada?’. La tensión subía, el sol pegaba fuerte, sudor perlando su cuello. Ella se excusó, ‘Voy a la sala de proa a cerrar una llamada con Dubai, estaré un rato’. Nos dejó solos, el yate virando suave hacia una cala privada, lejos de miradas. El espacio VIP se volvió nuestro secreto. Se acercó, su mano rozó mi muslo bajo la mesa de caoba, ‘Tu hermana me dijo que… necesitas un poco de… alivio’. El corazón me latía fuerte, olor a su colonia amaderada invadiéndome.

El yate de lujo y la tensión entre contratos y miradas

No pude resistir. Lo arrastré a la cabina principal, puertas de caoba cerrándose con clic suave. ‘Fóllame, joder, como a ella’, le susurré, voz ronca. Me arrancó el vestido de seda negra, que resbaló como agua, dejando mis tetas enormes al aire, pezones duros como piedras. ‘Joder, qué ubres, Luba, más gordas que las de Samira’, gruñó, chupándolas con hambre, mordiendo los pezones oscuros y anchos. Yo gemí, ‘Sí, chúpame, cabrón’. Su polla ya dura contra mi vientre, saqué esa verga gruesa, venosa, goteando precum. La mamé profunda, lengua girando en el glande salado, hasta la garganta, ‘Glup, glup’, saliva chorreando. Él jadeaba, ‘Qué puta golosa eres’.

Me tiró en la cama king size, sábanas de hilo egipcio arrugándose. Abrí las piernas, coño rasurado chorreando jugos, labios hinchados. ‘Métemela ya, rómpeme’. Entró de un empellón, ‘¡Flic flac!’, polla abriéndose paso en mi chocho ancho y húmedo. Me follaba brutal, pelvis chocando carne, tetas botando locas. ‘¡Más fuerte, joder, como a tu embarazada!’, gritaba yo, uñas clavadas en su espalda. Cambiamos, a cuatro patas, culo gordo en pompa, él escupiendo en mi ano, ‘Te voy a reventar el culo’. Dedos primero, luego la verga entera, ‘¡Aaaah, sí, enculame!’. Bombeaba profundo, huevos golpeando clítoris, yo me frotaba frenética. ‘Me corro, puta’, rugió, llenándome el culo de leche caliente, chorros potentes. Yo exploté después, squirtando en la seda, cuerpo temblando, olor a sexo y sudor impregnando el aire.

El sexo crudo en la cabina privada y el regreso a las apariencias

Luego, pausa jadeante, él lamiendo champagne de mis tetas. Volvimos a follar, yo cabalgándolo, polla hundiéndose hasta el fondo, vibro sacado del cajón, metido en coño mientras él me fistaba el ano. ‘¡No pares, hazme gritar como a ella!’. Grité hasta ronca, orgasmos en cadena. Al final, me desató (le había pedido esposas de terciopelo), exhausta, coño y culo palpitando.

Oímos el taconeo de mi hermana. Rápido, me puse el vestido, peinado rápido, olor a Chanel cubriendo el almizcle sexual. Él cerró cajones. Ella entró sonriente, ‘¿Qué tal la revisión de contratos?’. ‘Perfecto’, dije yo, voz neutra, piernas flojas. Besos en mejillas, champagne otra vez. ‘Chicos, ¡a celebrar!’. Ellos se besaron, yo sonriendo, secreto elite compartido en miradas cómplices. Esa noche, en mi camarote de lujo, me toqué recordando su polla, sabiendo que volverá a pasar.

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