¡Ay, chicas! Acabo de bajar del yate de mi familia en Ibiza. Todavía huelo a cuero italiano y champán Dom Pérignon. Os cuento lo que me pasó ayer con ese chico… eh, el heredero de los vinos catalanes, Pablo. Tiene como 22 años, pero un cuerpo que quita el aliento. Yo, con mis 42, tetas grandes y firmes, culo redondo… siempre lista para el lujo y el morbo.
Estábamos en el lounge VIP del yate, rodeados de sofás de piel suave, vistas al mar turquesa. Papeles por todos lados: contratos de inversión, dossiers con cifras millonarias. Yo en mi vestido de seda negra, ajustado, que marca mis curvas. Él, en camisa blanca, pantalón chino… sudando un poco bajo el sol poniente. ‘Señora Elena, estos términos…’, dice, pero sus ojos se clavan en mi escote. Huele a su colonia cara, madera de sándalo. Le sirvo champán, burbujas frías en la copa de cristal. Nuestras manos se rozan. ‘Pablo, relájate, esto es privado ahora’, le digo con una sonrisa pícara. Cierro la puerta del lounge con el pestillo dorado. El yate se mece suave, solo el ruido de las olas. La tensión… uf, sus pupilas dilatadas en mis tetas. Me inclino sobre los papeles, mi perfume de vainilla lo envuelve. Él traga saliva, short deportivo bajo el pantalón ya abultado.
La tensión sube en el lounge exclusivo
‘¿Te gusta lo que ves?’, le pregunto, desatando el lazo de mi vestido. Se abre, revelando mi bikini rojo diminuto. Sus ojos como platos. ‘¡Dios, Elena!’, balbucea. Me quito el top lento, tetas saltando libres, pezones duros como piedras, marrones y grandes. ‘Míralas bien, son naturales, pesadas’. Él rojo como un tomate. Huelo su excitación, ese olor masculino. Me acerco, toco su rodilla. ‘No seas tímido, Pablo. Mi marido está en Madrid, firmando otros contratos’. Le bajo el pantalón de un tirón. ¡Joder! Su polla salta enorme, venosa, cabezota brillante. ‘¡Qué verga tan gorda! Mayor que la de mi ex’. La beso suave, sabor salado. Él gime.
Lo arrastro a la cabina principal, espejo enorme reflejando nuestros cuerpos sudorosos. Agua de la ducha italiana cae caliente. Nos metemos, jabón espumoso. Le chupo la polla bajo el chorro, garganta profunda, bolas en mi mano. ‘¡Fóllame la boca, cabrón!’, gruño. Él tiembla, me agarra el pelo. Eyacula chorros calientes, trago todo, leche espesa. ‘Increíble…’, jadea. Ahora él: manos en mis tetas, amasándolas, mordiendo pezones. Bajo jabonoso por mi coño depilado, labios hinchados. ‘Lame mi chocho mojado’, le ordeno. Lengua dentro, clítoris palpitando.
El clímax brutal y el secreto elite
Fuera de la ducha, toallas de algodón egipcio. Lo tiro en la cama king size, sábanas de hilo 1000. Monto encima, tetas en su cara. ‘Chúpamelas, chupa estas ubres gordas’. Succiona fuerte, yo gimo. Mi coño chorrea sobre su polla tiesa. La empalo despacio… ¡uf! Me llena hasta el útero, estirándome. ‘¡Qué coño tan prieto!’, grita. Cabalgo salvaje, polla martilleando, tetas rebotando. Cambio: perrito, él me embiste como animal. ‘¡Fóllame duro, destroza mi concha!’. Sudor, olor a sexo, piel contra piel. Grito al correrme, él inunda mi interior de porra caliente. Temblores, arañazos.
De repente, ruido de helicóptero acercándose. Mi marido. Nos vestimos rápido, contratos firmados. ‘Nuestro secreto elite, Pablo’, le guiño. Aparcamos en el lounge como si nada, champán en mano. Él sonríe nervioso, yo cruzo piernas con morbo. Luxe, poder, placer… puro vicio VIP.