Dios, acabo de bajar del yate de ese tío… ¿queréis que os cuente? Bueno, todo empezó en la cubierta del ‘Bastida Star’, un puto palacio flotante anclado en la Costa Brava. Champán Dom Pérignon helado, burbujas explotando en la lengua, salado y dulce a la vez. El cuero de los asientos calientes por el sol, olor a mar mezclado con colonia cara, esa que te pone cachonda al instante.
Yo, Lola, heredera de La Bastide, la mansión familiar convertida en club exclusivo. Él, un heredero con pasta vieja, ojos oscuros como el fondo de un río traicionero. Estábamos revisando contratos para invertir en reformas VIP: dossiers gruesos sobre la mesa de teca, páginas crujiendo bajo mis dedos manicureados. ‘Firma aquí, Lola’, dice él, voz grave, rozando mi mano. Nuestras miradas se clavan, eh… como si supiera mi secreto familiar, ese niño ahogado hace décadas en la rivera cerca de la casa. ¿De dónde coño sacó esos detalles? Tension sexual pura, mis pezones endureciéndose bajo la seda del vestido.
La tensión sube en la cubierta VIP
El sol se pone, luces LED parpadeando. Los invitados se van en lanchas, dejándonos solos en el espacio VIP. ‘Ven, hablemos privados’, murmura, mano en mi cintura. Subimos a su cabina master: moqueta mullida, cama king size con sábanas de hilo egipcio, aire acondicionado susurrando fresco. Cierro la puerta, clic metálico. Ya no hay contratos, solo hambre.
Me empuja contra la pared, labios en mi cuello, barba raspando piel. ‘Joder, Lola, desde que vi tus fotos en La Bastide, te quiero follar’. Le arranco la camisa, pectorales duros, olor a sudor limpio y mar. Mi mano baja, zip, su polla salta fuera: gruesa, venosa, cabezona hinchada goteando pre-semen. ‘Mmm, qué pedazo de verga’, gimo, arrodillándome. La chupo hondo, lengua girando alrededor del glande, bolas pesadas en mi palma. Él gruñe, ‘cabrón, trágatela toda’, follándome la boca con embestidas.
El polvo brutal en la cabina privada
Me pone de pie, vestido rasgado, tanga a un lado. Dedos en mi coño empapado, ‘estás chorreando, puta cachonda’. Dos dentro, frotando el clítoris hinchado, jugos resbalando por muslos. ‘Fóllame ya’, suplico, jadeando. Me tumba en la cama, piernas abiertas, polla empujando mi entrada. Entra de golpe, estirándome, dolor-placer brutal. ‘¡Ahhh, joder, qué prieta!’, ruge, clavándome hasta los huevos. Bombeos salvajes, piel chocando, cama crujiendo. Cambio: a cuatro patas, él azotando mi culo, ‘toma, zorra de lujo’. Polla martilleando mi G, chorros de placer salpicando.
Me monta encima, yo cabalgando, tetas botando, pezones pellizcados. ‘Córrete dentro, lléname’, grito. Él acelera, ‘me vengo, puta…’. Calor explosivo, semen caliente inundando mi coño, contracciones ordeñándolo. Colapso, sudor pegajoso, gusto salado en besos.
Minutos después, ducha rápida: jabón espumoso, agua caliente lavando evidencias. Vestidos impecables, champán nuevo. Bajamos a cubierta, sonrisas educadas. ‘Contrato firmado, Lola. Un placer hacer negocios’. Aperta mi mano, guiño cómplice. Otros invitados llegan, risas falsas, como si nada. Ese secreto elite, grabado en mi coño palpitante, nos une para siempre. Mañana, llamo a mi hijo… pero esto, solo para vosotras.