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Mi Noche Prohibida en el Yate Privado con Tanya y Stella

Ay, chicas, acabo de bajar de ese yate privado en Ibiza, el corazón me late a mil. Olía a cuero nuevo en los asientos del lounge VIP, ese salón reservado solo para los que pagan lo que valen. Champagne Dom Pérignon burbujeando en copas de cristal, frío y dulce en la lengua, con ese toque ácido que me pone cachonda. Estaba yo, con mi vestido de seda roja ceñido, negociando unos contratos de moda exclusiva con Tanya y Stella, mis dos putitas favoritas. Tanya, con su melena rubia suelta, llevaba esa falda micro que apenas tapaba su coño depilado. Stella, morena fuego, en top transparente, pezones duros asomando.

Sonia, la nueva, una vecina pija que conocí en el club, se unió por curiosidad. ‘¿Estos contratos son para lencería?’ preguntó, mordiéndose el labio, ojos clavados en mis chicas. Yo sonreí, ‘Sí, amor, pero solo para probarlas aquí’. La tensión subía, miradas cruzadas, piernas rozándose bajo la mesa de mármol. ‘Mira cómo brilla el mar’, dije, pero todas sabíamos que el calor venía de dentro. Un roce accidental de Tanya en el muslo de Sonia, un suspiro de Stella. ‘Vamos a la suite privada, chicas, para… revisar detalles’, propuse, voz ronca. Puertas cerradas, música suave, luces tenues. Espacio nuestro.

La Tensión en el Lounge VIP

Ya solas, les ordené desnudarse. ‘Todo fuera, ahora’. Tanya obedeció primero, tetas firmes saltando libres, pezones rosados erectos. Stella la siguió, coño húmedo reluciendo. Sonia dudó, ‘¿En serio?’, pero yo la miré fijo, ‘Confía, preciosa’. Se quitó el bikini, piel bronceada, chochito con un pelito fino. Olía a sexo y perfume caro. ‘Probemos estas piezas’, dije, sacando robes de seda negra y roja, microjupes que no tapan nada. Se las pusieron, se movían, tetas al aire, coños expuestos. ‘Chúpame la polla, Tanya’, gruñí, sacándola dura como piedra. Ella y Stella de rodillas, lenguas lamiendo desde la base, saliva chorreando. ‘Mmm, qué rica tu verga’, murmuró Stella, metiéndosela hasta la garganta, arcadas suaves. Tanya chupaba huevos, succionando fuerte.

El Placer Brutal en la Suite Privada

Sonia jadeaba viendo, mano en su clítoris. ‘Ven, lame su coño’, le dije. Se arrodilló, lengua torpe al principio en el chochito de Stella, ‘¿Así? Ay, sabe a miel’. Stella gemía, ‘Más adentro, puta’. Intercambiaron, 69 feroz en la cama king size, culos arriba, lenguas follando agujeros. Yo metí dedo en el culo de Stella, resbaladizo, ‘Te gusta anal, ¿verdad?’. ‘Sí, joder, métemela’. Saqué el plug rosa, lo unté en su jugo, lo empujé lento, ella chilló de placer. Polla en la boca de Tanya mientras follaba el coño de Sonia, empotrándola contra el cuero. ‘¡Fóllame fuerte!’, gritó ella, uñas en mi espalda. Eyaculé en su cara, semen caliente chorreando, ellas lamiéndolo todo, besos con mi leche mezclada.

Orgasmos en cadena, coños chorreando, sudor y champagne por todas partes. Después, nos limpiamos con toallas calientes, volvimos al lounge como reinas. Vestidos impecables, sonrisas falsas. ‘Gran reunión, ¿no?’, dije a Sonia, guiñando. Ella ruborizada, ‘Secreto nuestro’. Champagne otra vez, brindis por ‘nuevos contratos’. Nadie en el yate sospechaba el polvo brutal de hace minutos. Adrenalina pura, poder en las venas. Volveré por más.

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