You are currently viewing Mi follada salvaje en el yate privado del multimillonario

Mi follada salvaje en el yate privado del multimillonario

Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas recordándolo. Fue la semana pasada, en el yate privado de Víctor, ese tiburón de los negocios que todos conocemos. Anclado en la Costa Azul, todo cristales ahumados, cuero italiano oliendo a dinero fresco, y el mar Mediterráneo lamiendo el casco como un amante impaciente. Yo llegaba de Madrid, vestida con un vestido de seda negra que se pegaba a mis curvas, tacones Louboutin clicando en la cubierta.

Entramos en el camarote VIP, el corazón del yate. Mesas de mármol, sofás de piel suave, botellas de Dom Pérignon enfriándose en cubos de plata. Víctor, con su traje Armani hecho a medida, ojos grises que te desnudan antes de tocarte. Y estaba ella, la asistente, una italiana tiesa como un palo, falda hasta las rodillas, crucifijo al cuello. ‘Firma aquí, por favor’, dice con voz de monja, empujando los contratos. Propuesta exclusiva: yo como su musa para campañas de lujo espacial, jets privados y yates como este. Millones en juego.

La tensión sube en el camarote de contratos

Nos sentamos cerca, demasiado. Su rodilla roza la mía bajo la mesa, ehh… casualidad, ¿no? Huele a colonia cara, Creed Aventus, mezclado con el salitre del mar. Abro el contrato, finjo leer, pero mis ojos van a su paquete abultado. Ella carraspea, ‘Es… es importante la seriedad’. Víctor sonríe, vierta champagne, burbujas explotando en mi lengua, dulces y frías. ‘Relájate, Susan’, le dice. Nuestras miradas se clavan, la tensión eléctrica. Sus dedos rozan mi muslo al pasar una página, seda contra piel, fuego instantáneo.

De repente, el camarote se cierra. Puertas correderas, privacidad total. ‘Bueno, ¿y ahora qué?’, susurro, mordiéndome el labio. Ella se sonroja, intenta levantarse, pero Víctor la frena: ‘Quédate, es parte del trato’. Yo me río bajito, desabrocho el primer botón de mi vestido. ‘¿Quieres ver lo que firmas?’. Su polla ya presiona los pantalones. La italiana jadea, pero no se va. Olvida el cuero caliente bajo mis nalgas, el champagne goteando por mi escote.

No aguanto más. Me arrodillo, tiro de su cremallera. Su polla salta, gorda, venosa, cabezona roja palpitando. ‘Joder, qué pedazo de verga’, gimo. La chupo hondo, lengua girando en el glande, saliva chorreando. Sabe a hombre puro, salado. Él gruñe, agarra mi pelo: ‘Así, puta, trágatela toda’. La italiana mira, boquiabierta, mano en el crucifijo pero ojos fijos. La empujo contra el sofá, le subo la falda. ‘Mira cómo se moja esta mojigata’. Su coño empapado, bragas caladas.

El clímax brutal y el secreto élite

Víctor me tumba en la mesa, contratos volando. Me abre las piernas, lame mi coño rasurado, clítoris hinchado. ‘Estás chorreando, zorra’. Empuja su polla de un golpe, rompiéndome, follando duro. Pum pum pum, contra mi cervix, bolas golpeando mi culo. Grito: ‘¡Más fuerte, jódeme el coño!’. Ella no resiste, se toca, gemidos ahogados. La beso, lengua en su boca virgen, mientras él me martillea. Cambio: la pongo a cuatro, Víctor la empala. ‘¡Ahh, Dios!’, chilla ella. Yo me siento en su cara, coño frotando su lengua torpe. Orgasmo brutal, squirt en su cara.

Él eyacula dentro de ella, leche caliente rebosando. Yo lamo el resto, mezcla de semen y jugos. Sudor, olor a sexo fuerte, cuero empapado.

Minutos después, todo cambia. Nos arreglamos, ella alisa la falda, yo el vestido. Champagne nuevo, ‘Firma, por favor’. Sonrisas frías, como si nada. ‘Trato hecho’. Salimos a cubierta, sol poniéndose, secreto nuestro. Élite pura: poder, placer, silencio dorado. Aún siento su polla dentro. ¿Repetimos?

Leave a Reply