¡Ay, chicas, acabo de despertarme con el coño y el culo ardiendo! Anoche en el yate privado de Javier, ese magnate que controla medio Mediterráneo. Todo empezó en la cubierta, anclados frente a Ibiza. El sol cayendo, olor a sal y cuero caro de los asientos. Yo con mi pareo de seda blanca, casi transparente, ajustado al cuello, dejando ver mis tetas duras y el triángulo depilado abajo.
Estábamos los cuatro: Javier, alto, barba recortada, colonia fuerte que me ponía cachonda; y sus dos socios, Marcos y Luis, tipos fornidos, trajes a medida. Discutíamos contratos millonarios. Papeles sobre la mesa de teca, copas de champagne Dom Pérignon helado, burbujas picando en la lengua. Pero… los ojos. Javier me miraba el escote mientras firmaba, su mano rozaba la mía al pasar un dossier. ‘Mira esto, preciosa’, decía, voz grave. Yo sentía el calor subiendo, mis pezones marcándose.
La tensión sube en la cubierta del yate
Marcos se inclinaba, su rodilla tocaba mi muslo desnudo bajo el pareo. ‘Estos términos son… jugosos’, murmuraba, guiñando. Luis reía bajito, ojos clavados en mis labios. Yo cruzaba las piernas, notando mi coño humedeciéndose, el aire salado mezclándose con mi olor. Hablábamos de inversiones, pero la tensión era eléctrica. Javier propuso: ‘Vamos a la cabina VIP para los detalles privados. Aquí hay ojos indiscretos’. Bajamos, el pareo rozando mis muslos, corazón latiendo fuerte.
La puerta se cierra con clic metálico. Espacio íntimo: sofás de cuero negro, luces tenues, ventanales tintados al mar negro. Javier me agarra la cintura. ‘Sabes lo que queremos, ¿verdad?’. Asiento, mordiéndome el labio. Marcos desata mi pareo, cae al suelo. ‘Joder, qué tetas perfectas’. Me besan el cuello, manos por todas partes. Luis me empuja al sofá, huelo el cuero caliente. Javier saca su polla gorda, venosa, ya dura. ‘Chúpala, puta de lujo’. Me arrodillo, la meto en la boca, saboreo su piel salada, glande hinchado golpeando garganta. Gimo, saliva chorreando.
El polvo intenso en la cabina privada
Marcos me abre las piernas desde atrás, lengua en mi coño rasurado. ‘Estás empapada, zorra’. Lamidas rápidas en el clítoris, dedos dentro, chapoteando. Me corro rápido, primera vez, temblores, ‘¡Sí, joder!’. Javier me folla la boca más hondo. Cambian: Luis me monta, su polla enorme entra de golpe en mi coño. ‘¡Qué apretada!’. Embestidas brutales, pelotas golpeando mi culo, olor a sexo y champagne derramado. Me corro otra vez, gritando, uñas en su espalda. Javier en mi culo ahora, lubricado con mi propio jugo, duele rico, ‘¡Fóllame el ojete, cabrón!’.
Se turnan, sin parar. Marcos en el coño mientras Luis en la boca, Javier masturbándose viéndome. Orgasmos nonstop: tres, cuatro… pierdo la cuenta. Sudor, semen en mi cara, tetas. Sabor amargo en la lengua, coño ardiendo, lleno de lechadas calientes. ‘¡Más, no paréis!’, suplico, piernas temblando. El cuero pegajoso bajo mi culo, aire cargado de gemidos y carne chocando. Me follan en tríos, pollas frotándose dentro, hasta que exploto en el décimo orgasmo, visión borrosa.
Al final, exhausta, sofocada doce horas después al despertar. Pero volvemos arriba como reinas. Nos vestimos rápido: yo el pareo arrugado, ellos camisas planchadas. Champagne nuevo, firmamos contratos. ‘Buen negocio’, dice Javier, mano en mi espalda, mirada cómplice. Sonrisas, brindis. Nadie en la cubierta sospecha. Nuestro secreto de élite, el poder mezclado con placer puro. ¡Qué subidón!