Hace tres años que estaba con mi ex, una tía maja pero tiesa como una tabla en la cama. Al principio prometía, pero acabó en misionero aburrido y levrettes sin gracia. Yo, con mi aguante, siempre terminaba pajeándome solo porque ella ya había corrido y su coño irritado no aguantaba más. Promesas de lencería sexy solo en fiestas, nunca faldas cortas ni tangas. Le fui fiel, compartíamos vida, pero el sexo… cero fantasía.
Peoraron las broncas, cada semana dos o tres. Le solté todo un día, pedí un break. Se fue llorando, yo triste pero aliviado. Dos días después, llamada de Javier, mi colega de curro que mi ex me presentó. ‘Ven a desconectar en mi yate, París nos espera’. Uf, jueves entonces. Él, 1,85, moreno, sonrisa de infarto, ojos que te desnudan. Siempre química, pero ahora libre…
Tensión en el lounge del yate
Llego al puerto privado, el yate brilla bajo el sol: cuero italiano oliendo a nuevo, champán Dom Pérignon en cubitera. Subo, él en polo blanco ajustado, pantalón que marca paquete. ‘¡Hola guapa! ¿Lista para olvidar?’ Besiños, nos sentamos en el lounge VIP, dossiers de contratos sobre la mesa de caoba. Huele a mar salado y su colonia cara, madera pulida. Briefeamos deals, pero sus ojos bajan a mi escote, mi mini falda de seda roja rozando muslos.
‘Joder, Javier, estos números… eh… me ponen nerviosa’, digo riendo, cruzando piernas. Él sonríe, mano roza mi rodilla. ‘Relájate, nena. Mira este atardecer’. Tension sube, aire cargado. Sus dedos suben lento por mi muslo, olor a cuero caliente. ‘Hace dos años sin follar de verdad’, confieso, whisky en mano. ‘¿En serio? Tú, tan rica…’, su mirada quema. Me coge la cara, beso suave… lengua entra, intenso. Umm, sabe a champán dulce.
El lounge se vacía, tripulación discreta desaparece. Espacio VIP ahora privado. ‘Ven’, susurra, mano en mi nuca. Desabrocha dos botones de mi blusa, seda suave contra piel. Mano baja a mi falda, sube tanga. Dedos rozan mi pubis, poquito a poco. ‘Estás empapada ya’, murmura. Suspiro, ‘Sí… joder, sí’. Dedos en mis labios mayores, frotando fuera. Tiemblo, pezones duros bajo blusa. Llega al clítoris, lo pellizca suave. ‘¡Ah! Más…’, gimo bajito.
El clímax privado y el regreso a las apariencias
Introduce un dedo en mi coño chorreante, luego dos. Mueve ritmos, lento rápido, chupa mi cuello oliendo a sudor excitado. ‘Tu coño aprieta delicioso’, gruñe. Juego con sus labios hinchadas, clítoris hinchado. Cambio técnicas, como sé que vuelve locas. Siento orgasmo venir, clava uñas en su brazo. ‘¡Me corro! ¡Fóllame con los dedos!’ Beso fuerte para no gritar. Olas del yate mecen, placer explota: coño palpita, jugos corren por muslo. Ufff, dos años sin esto…
Saco su mano, la huelo: mío almizclado, rico. Chupo sus dedos, mirada traviesa. ‘¿Dos años así? Pff, ahora quiero tu polla’. Él ríe, ‘Paciencia, elite como nosotros no corre’. De repente, puerta cabina: mayordomo entra con más champán. ‘Señor, ¿todo bien?’ Javier sereno, ‘Perfecto, gracias’. Yo arreglo falda, sonrisa impecable, peinado en sitio. Él firma contrato como si nada, bromea del negocio.
Bajamos del yate, besos castos, promesas de más deals. Secreto compartido, esa corrida en sus dedos grabada en mí. Adrenalina del poder, lujo y polvos exclusivos. Volvería mil veces.