Ay, chicas, acabo de bajar de ese yate… aún huelo a su colonia cara mezclada con el salitre del mar. Soy Sofía, 22 años, de Madrid, vivo entre fiestas exclusivas y eventos VIP. Conozco a Carlos desde hace un par de años, es ese tipo de 52, empresario top, amigo de mi padre. Poder, dinero, jets… todo eso me pone. El otro día, me invita a su yate en Ibiza, ‘para revisar unos contratos’, dice. Eh… claro, contratos.
Subo a bordo al atardecer. El cuero de los asientos cruje suave bajo mi culo, vestido de seda negra que se pega a mi piel sudada por el calor. Él está ahí, en la cubierta, con una copa de Dom Pérignon en la mano. Burbujas frías en mi lengua, sabor a lujo puro. ‘Pasa, Sofía, mira estos papeles’, me dice, serio, pero sus ojos… uf, me recorren las tetas, las piernas. Nos sentamos en la mesa de teca pulida, dossiers abiertos: inversiones, cláusulas… pero yo noto su mirada fija en mi escote. Huele a mar y a su aftershave caro. ‘¿Qué opinas de esto?’, pregunta, rozando mi mano al pasar una página. Mi coño se moja un poco, joder. ‘Está… bien, Carlos’, balbuceo, cruzando las piernas, sintiendo la seda resbaladiza.
La tensión sube en la cubierta del yate
La tripulación desaparece, dice que vamos a una zona privada. El yate acelera, viento en el pelo. Ahora solos en la suite VIP, paredes de cristal con vistas al infinito azul. Él cierra la puerta, clic metálico. ‘Aquí nadie nos molesta’, murmura, acercándose. Su aliento cálido en mi cuello. ‘Sofía, desde la última fiesta te como con los ojos’. Yo… no sé, me tiemblan las rodillas. ‘Pero los contratos…’, digo tonta. Él ríe bajo, mano en mi cintura. ‘Al carajo los contratos’. Me besa, lengua invasora, sabe a champagne y deseo.
Uf, no aguanto más. Le bajo la cremallera, su polla sale dura, gruesa, venosa. ‘Joder, Carlos, qué pedazo de verga’. Me arrodillo en la alfombra persa, olor a cuero y sexo. La chupo despacio, lengua alrededor del glande hinchado, salado. Él gime, ‘Sí, chupa fuerte, puta mía’. Me agarra el pelo, folla mi boca profunda, hasta la garganta. Babas por mi barbilla, tetas fuera del vestido, pezones duros como piedras.
El clímax salvaje y el secreto compartido
Me tira en la cama king size, sábanas de satén fresco contra mi espalda. Rasga mi tanga, ‘Mira ese coño depilado, chorreando’. Dedos dentro, dos, tres, chapoteo húmedo. ‘¡Ahhh, fóllame ya!’, grito. Él se pone encima, polla abriendo mi raja mojada. Entra de golpe, ‘¡Qué prieta estás, cabrona!’. Bombeamos fuerte, piel contra piel sudorosa, olor a coño excitado y sudor. ‘¡Más duro, rómpeme el coño!’, gimo. Me da la vuelta, a cuatro, nalgadas que queman, polla hundiéndose hasta el fondo. ‘¡Toma, zorra VIP!’, gruñe. Mi clítoris palpita, orgasmo brutal, ‘¡Me corro, joder, síiii!’. Él acelera, ‘Me vengo dentro, llena tu útero de leche’. Chorros calientes, rebosando por mis muslos.
Tres polvos así, exhaustos, piel pegajosa. Beso suave, ‘Eres increíble, Sofía’. Vuelvo a ponerme el vestido, alisamos papeles. La tripulación regresa, champagne otra vez. ‘Hemos cerrado el trato’, dice él con guiño. Sonrío, piernas temblando, semen goteando aún. Secretos de élite, como si nada. Pero sé que volverá a llamarme. Ese poder… adictivo.