Ay, chicas, no os podéis imaginar lo que me pasó hace dos noches en esa suite del Ritz. Embarazada de ocho meses, vientre enorme, piel tirante como un tambor. Mi marido, ese amor, está en Dubai cerrando tratos millonarios. Ausente un mes ya, y yo… con la libido a mil. Hormonas locas, coño palpitando todo el día.
Llamada a una sesión VIP para embarazadas de élite. Solo tres: yo, la rubia influencer casada con un dios musculoso del fitness, y su amiga morena, modelo tetona en las primeras semanas. La matrona, una diosa en tacones y bata de seda, nos recibe en esa sala privada. Cuero italiano de los sofás, olor penetrante a Chanel y humo de habano. Champán Dom Pérignon en copas frías, burbujas picando en la lengua. Hablamos de contratos: shootings eróticos para revistas luxury, desnudas preñadas. ‘¿Y con este barrigón? ¿Se puede follar bien?’, pregunta la rubia, ojos clavados en mi tripa.
La Tensión en el Paraíso de Lujo
Yo, tumbada en el colchón king size, rodeada de cojines de plumas. Levantan mi camisola de seda, fresca contra la piel sudada. ‘Mira qué tetas, joder’, dice la morena, tocando. Pesadas, hinchadas, pezones duros como piedras. El marido, en traje Armani, charla con la matrona sobre ‘adaptaciones’. Pero los ojos… uf, se cruzan. Ella mordiéndose el labio, él ajustándose la polla en los pantalones. La matrona cierra la puerta doble, baja las luces LED doradas. Espacio VIP, ahora nuestro. ‘Vamos a demostrarlo, ¿no?’, susurra ella, voz ronca.
De repente, privacidad total. La rubia: ‘Cariño, ¿puedes venir?’. Él se acerca, manos grandes. Baja mi pantalón de yoga, braga de encaje empapada. ‘Mira qué coñito jugoso’, dice, oliendo. La matrona le desabrocha el zipper: polla gorda, venosa, cabezona ya tiesa. ‘En misionero, con cuidado’. Me abre las piernas, roza mi clítoris hinchado. Empuja… ay, Dios, entra de un golpe, estirándome el coño hasta el fondo. ‘¿Ves? Posible’, gime ella. Él bombea lento, mi barriga rebotando suave contra su abdomen duro. Sudor salado en su cuello, cuero crujiendo bajo nosotros.
‘Prueba cuchara’, ordena la matrona. Me gira de lado, él detrás, polla resbalando de nuevo en mi chocho chorreante. Manos en mis tetas, apretando, leche casi saliendo. Mueve cadera, rozando mi culo con huevos peludos. ‘Joder, qué apretada estás’, gruñe. Yo: ‘Más… no pares, cabrón’. La rubia y morena miran, tocándose disimuladamente. Olor a sexo crudo, champán tibio en la mesa.
El Placer Brutal sin Límites
‘Perrito ahora’. Cojín bajo mi barriga, culo en pompa. Él agarra caderas, clava dedos. Polla azotando mi clítoris primero, luego embiste brutal. ‘¡Fóllame fuerte!’, grito. Golpes secos, polla chocando mi útero. Dedo en mi ano, girando, untado en mis jugos. ‘¿Te gusta el culito?’, pregunta. Asiento, perdida. La morena: ‘Mira cómo traga esa verga gorda’.
‘Cabalgata final’. Él boca arriba, yo monto. Coño tragándosela entera, pelvis ondulando. Tetazas botando, él chupando pezones. Acelero, clítoris frotando su pubis. ‘Me corro… ¡ahhh!’. Orgasmo brutal, chorros calientes bajando por su polla. Él eyacula dentro, semen espeso llenándome, goteando.
Silencio. Sudados, jadeantes. Me visto rápido, seda pegajosa. Champán otra ronda. ‘Buena lección, ¿no?’, ríe la matrona, limpiándose el pelo con semen seco. Ellos asienten, contratos firmados. Besos en mejillas, ‘nuestro secreto elite’. Salgo al lobby, piernas temblando, coño palpitando aún. Vuelvo a mi yate, sonrisa pícara. Mañana, como si nada. Pero… uf, qué rush de poder y placer.