Hace unas semanas, eh… no sé, todo empezó en ese club exclusivo en la costa. Yo, Anna, la española que todos miran en el restaurante italiano nuevo. Vestida con un vestido de seda negro que se pega a mis curvas, tacones altos, labios rojos. Olor a mar salado mezclado con el cuero caro de los asientos. Champagne Dom Pérignon en copas frías, burbujas picando en la lengua.
Estábamos en la zona VIP, revisando contratos. Él, Michael, un mestizo de 25 años, piel bronceada, músculos duros bajo la camisa blanca. Su jefe, Paul, un tipo mayor con poder, pero Michael… ay, ese mirada. Pasábamos los dossiers, nuestras manos se rozaban. ‘Firma aquí, Anna’, me dice con voz grave, ojos clavados en mis tetas. Yo sonrío, cruzo las piernas, siento el calor subiendo. ‘¿Seguro que es aquí?’, le digo juguetona, mordiéndome el labio. El aire acondicionado zumbaba, pero sudaba. Sus dedos en mi muslo al ‘accidente’ con el papel. Tensión pura, eh… el corazón latiendo fuerte.
La tensión sube en el yate de lujo
De repente, Paul se excusa: ‘Voy a por más cava’. Y pum, el espacio VIP se cierra. Puertas blindadas, solo nosotros. Michael me agarra la nuca, me besa con lengua honda, sabor a whisky y menta. ‘Te quiero follar desde que te vi’, gruñe. Yo gimo, manos en su paquete duro. ‘Hazlo’, le digo, voz ronca. Nos movemos al yate privado amarrado al lado, escalones de madera noble crujiendo, viento en la cara.
Ya en la cubierta privada, luces tenues, olor a sal y su colonia fuerte. Me arranca el vestido, seda rasgándose suave. Sus manos en mis tetas, pellizcando pezones duros. ‘Qué coño tan rico tienes, Anna’, dice bajito, metiendo dedos. Yo jadeo, empapada ya. Le bajo los pantalones: polla enorme, gruesa, venosa, cabeza brillante. ‘Joder, qué pedazo’, murmuro, arrodillándome. La chupo hondo, saliva chorreando, bolas en mi mano. Él gime, agarra mi pelo: ‘Traga, puta española’. Yo obedezco, garganta llena, ojos lagrimeando de placer.
El polvo intenso y sin filtros
Me pone a cuatro patas en el sofá de cuero, que huele a nuevo y sexo viejo. Me come el coño desde atrás, lengua experta en el clítoris, dedos en el culo. ‘Estás chorreando, zorra’, dice. Yo grito: ‘¡Fóllame ya!’. Embiste, polla partiéndome en dos, golpes secos contra mi culo. Duele rico, adentro todo. ‘Más fuerte, cabrón’, le pido. Cambiamos: yo encima, cabalgando, tetas botando, sudor pegándonos. Él me da palmadas, ‘Muévete como la puta que eres’. Gimo alto, orgasmo subiendo, coño apretando su verga.
Llega Paul, no sé cuándo. Se une, polla fuera también grande. ‘Abre la boca’, ordena. Chupo una, follo la otra. Doble penetración: Michael en coño, Paul en culo. Estirada al límite, gritos ahogados, ‘¡Sí, joder, llenadme!’. Sudor, saliva, olor a sexo crudo. Eyaculan dentro, semen caliente chorreando piernas. Yo reviento en orgasmo, temblando, uñas clavadas.
Después… eh, volvemos al club como si nada. Vestidos impecables, copas en mano. ‘Gran contrato, Anna’, dice Paul con guiño. Michael me roza discreto: ‘Otra noche?’. Sonrío, labios hinchados ocultos por gloss nuevo. Champagne otra vez, risas falsas. Secretos de élite, miradas cómplices. Camino con piernas flojas, coño palpitando aún, pero cara de reina. Esa noche cambió todo, me siento viva, poderosa. ¿Queréis más detalles? Ay, qué vicio.