Estábamos en el yate privado de mi familia, anclado frente a la Costa del Sol. Olía a sal marina mezclada con el cuero italiano de los asientos. Champagne Dom Pérignon en copas de cristal, burbujas que picaban en la lengua. Yo, vestida de seda negra ceñida, charlaba con ellas: Lola, la rubia voluptuosa con tetas enormes que desbordaban su bikini, y Dana, la morena delgada, con curvas sutiles y ojos esquivos. Firmábamos contratos millonarios, inversores de élite. ‘Mira este cláusula’, dije, rozando su mano. Lola sonrió pícara, ‘Me pone cachonda el poder’. Dana se mordió el labio, ruborizada.
La noche caía, luces tenues en la cubierta VIP. Miradas cruzadas sobre los dossiers. Mi piel erizada por el roce accidental de Lola contra mi muslo. ‘¿Calor, chicas?’, pregunté, voz ronca. Dana susurró, ‘Algo más que calor…’. Propuse bajar a la suite privada. ‘Allí cerramos el trato de verdad’. Ellas asintieron, adrenalina en el aire. Cerré la puerta blindada, el mundo exterior olvidado. Soledad lujosa, cama king size con sábanas de hilo egipcio.
La tensión sube en la cubierta de lujo
Me quité el vestido, quedé en tanga de encaje. Lola se lanzó, besos húmedos, lengua invasora. ‘Joder, qué ganas’, gruñó, amasando mis tetas. Dana dudaba, ‘Yo… no sé si…’. La atraje, ‘Déjate llevar, preciosa’. Le bajé el bikini, sus pezoncillos duros en mi boca. Olía a crema solar y deseo. Lola ya tenía mi mano en su coño empapado, ‘Chúpame, puta’. Me arrodillé, lengua en su clítoris hinchado, saboreando su jugo salado. Dana jadeaba viéndonos, dedos en su rajita.
La tumbé en la cama, culo en pompa. ‘Quiero tu polla imaginaria aquí’, pero usé mis dedos, untados en aceite de masaje con aroma a vainilla. ‘¡Ah, sí, métemela en el culo!’, gritó Lola. Empujé lento, su ano apretado tragándome dos dedos. Dana se unió, lamiendo mis labios. ‘Prueba su coño’, le ordené. Se lanzó, lengua torpe pero ansiosa en Lola. Yo me froté contra el muslo de Dana, clítoris palpitante. ‘Fóllame con la lengua’, gemí. Cambiamos: Lola sentada en mi cara, su coño goteando en mi boca, nariz en su ano. ‘¡Lame mi culito, zorra!’, ordenó. Lamí todo, sucio y delicioso, mientras Dana me comía el chocho con furia.
El clímax prohibido en la suite privada
Orgasmos en cadena. Lola eyaculó en mi boca, chorros calientes. ‘¡Me corro, joder!’. Dana temblaba, ‘No pares… ahhh’. Le metí un dedo en el culo mientras la chupaba, su ano virgen resistiendo. ‘¿Te gusta, puta tímida?’. ‘Sí… duele rico’. Yo exploté, piernas temblando, olor a sexo impregnando la suite. Sudor, fluidos, sábanas revueltas. Nos frotamos en tribbing, coños chocando, resbaladizos.
Minutos después, duchas rápidas con jabón de Chanel. Vestidos impecables, maquillaje perfecto. Subimos a cubierta, champagne en mano. ‘Contrato firmado’, dije con sonrisa profesional. Lola guiñó, ‘El mejor trato de mi vida’. Dana sonrojada, ‘Nuestro secreto’. Brindamos, como si nada. El yate zarpó al amanecer, privilegio elite. Ese fuego compartido, solo para nosotros. Aún siento el hormigueo en el culo.