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Mi polvo inolvidable en el yate privado de un millonario

Desde chiquita soñaba con este mundo de lujo. Organizo eventos para la élite, jets privados, yates, clubes VIP. Hace un año, mi jefa se jubiló y me dejó la agencia por cuatro duros. Relookeé todo: minimalista, chic, con toques de exclusividad. Tengo a Julia, mi mano derecha de la escuela, y a Pablo, mi aprendiz de 18 años. Vino de letras, pero prefirió esto, menos aburrido. Nuestro día a día huele a cuero caro y champán francés.

Es viernes. Día de preparar la fiesta de los 18 de la hija del señor Rivera. Me visto sexy: falda verde botella ceñida, blusa con escote atado, medias de seda, botas altas. Llego al yate anclado en la bahía privada. Julia y Pablo ya sacan cajas. Miro las órdenes. Suena el móvil.

Tensión en el yate exclusivo

—Arums y Delicadeza, ¿dígame?

—Hola Carmen, soy el señor Rivera.

—Ay, señor Rivera, ¿ya de vuelta?

—Sí, ayer. Necesito tu magia para decorar el yate. Fiesta mañana, 19h. Sala principal y jardín de invierno en cubierta. Carta blanca, como siempre.

¡Joder! Urgente, sin tiempo para proveedores. Improviso: elementos naturales de la playa VIP contigua. Subo a la suite de preparación, revuelvo cajas. Bajo, le digo a Julia. Agarro llaves del buggy y grito:

—Pablo, ven conmigo. Recogida express. Saca bolsas.

Vamos a la playa privada del yate. Mi falda no es para arena, pero da igual. Llevamos una hora cogiendo conchas, algas, corcho, hiedra silvestre. Huele a mar salado y mi perfume caro. De repente, ¡pinchazo! En el muslo alto.

—Ay…

Otro. Grito, suelto la bolsa, levanto falda. Pablo corre. Me ve con la falda arriba, bragas a la vista. Se queda parado, eh… Luego:

—¿Qué te pasa, Carmen?

—Algo me picó, quema…

Me ayuda a sentarme en un tronco de deriva cerca del agua. Abre mis piernas. Sus dedos suaves en mi piel. Olor a cuero de sus zapatos, salitre. Encuentra el aguijón.

El clímax brutal y el secreto compartido

—Lo tengo, voy a sacarlo.

—Hazlo, por favor…

Levanta mi pierna, cara cerca de mi coño. El dolor vira a calor. Estamos solos en esta playa élite, yo abierta como puta, él tocándome. Su pelo roza mis bragas de encaje. Aspira, escupe. Vuelve. Ahora besa. Dedos suben, roza mi raja húmeda.

No lo paro. Me excita su juventud, el poder del yate atrás. Él lame por encima del encaje, huele mi coño. Gimo bajito. Muevo cabeza: sí, sigue. Eca el tanga, mete dedos. Los saca, chupa, sonriendo.

Me bajo la pierna. Él tira el tanga lento, mi chochito moreno al aire. Pliega nariz en mi monte, respira hondo. Lengua en pelos, manos bajan piernas. A las botas. Me lo quita, olfatea mi prenda como trofeo, la guarda. Mirada dominante: él manda.

Me tumba en tronco, falda arriba, coño expuesto. Desata blusa, salta pechos. Se calza encima. Pesa, madera duele espalda. Manos en vientre, sube, amasa tetas. Baja sujetador, pinza pezones rosados. Dolor se va, placer sube. Gimo: ah…

Succiona tetas, lengua experta. Baja besos por piel, suave. Siento su polla dura contra mí. Quiero chuparla, pero me coge manos, las clava arriba. Beso con lengua, mirada de macho.

Suelta, baja manos a mi coño. Se sienta, dedos en labios, clítoris, adentro. Clac clac mi jugo. Olor a sexo y mar. Me corro gritando, cuerpo arqueado.

Abre ojos: su polla tiesa, enorme. A horcajadas, la mete en boca. Lamo glande, sabroso, limpio. Él gime, cabeza atrás. Se saca, mete entre tetas. Va y viene, aprieto. Acelera, ruge, lechazo caliente en pecho. Me corro otra vez imaginándolo dentro.

Se asusta post-orgasmo. Silencio. Nos vestimos. Le cojo barbilla, beso mejilla:

—Gracias, Pablo.

Sonríe aliviado. Recogemos. Vuelta buggy, habla normal: planes Rivera, ayuda en entrega.

Sí, acepto. Por trabajo… y por más polvos en este mundo VIP. El yate brilla, champán espera. Nuestro secreto élite.

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