Ay, chicas, acabo de volver de Marbella, aún tiemblo recordándolo. Ese club VIP en el hotel de cinco estrellas, con vistas al mar, olor a cuero italiano de los sofás y burbujas de champán Veuve Clicquot en copas de cristal. Llevaba esa minifalda blanca que me compré esta tarde, tan ceñida que moldeaba mis nalgas, top abierto por detrás rozando mis pezones duros contra la seda fina. Nada debajo, eh, el aire fresco me hacía mojarme ya en el coche.
Entré al salón privado, lleno de ejecutivos en trajes caros, firmando contratos de millones sobre mesas de mármol. Me senté cerca de Manuel, un productor de cine erótico para la élite, ojos grises, cuarentón con ese rollo de poder. ‘¿Vienes a negociar o a follar?’, me soltó con sonrisa lobuna, mientras sus dedos rozaban mi rodilla bajo la mesa. Dudé, corazón latiendo fuerte, ‘Solo… a divertirme, pero estos contratos me ponen nerviosa’. Él rió bajo, sirviéndome más champán, dulce y frío en la lengua. Los demás nos miraban de reojo, tensión eléctrica, como si supieran que el aire olía a coño excitado.
La tensión sube en el salón VIP
Sus ojos bajaban a mis tetas, que se movían libres con cada sorbo. ‘Ven, firma esto y te enseño el verdadero trato’, murmuró, guiándome al ascensor dorado. Suite presidencial arriba, puerta se cierra, clic suave. Espacio VIP puro: cama king con sábanas de satén negro, jacuzzi burbujeando, olor a jazmín y su perfume caro. Me empujó contra la pared de cristal, vistas a yates privados. ‘Quítate eso, puta de lujo’, gruñó, manos en mi falda, subiéndola. Mis muslos desnudos temblaban, coño chorreando ya.
Me arrodillé, polla suya enorme saliendo del pantalón, venosa, sin un pelo, gorda como mi muñeca. La chupé lento, saliva goteando, lengua en el capullo morado. ‘Joder, qué boca de zorra’, jadeó, cogiéndome el pelo, follándome la garganta hasta que tragué arcadas. Me levantó, piernas en V sobre la cama, y embistió mi coño de un golpe, coño abierto al máximo, clítoris hinchado rozando su pubis. ‘¡Ahh, sí, rómpeme!’, gemí, tetas botando salvajes. Me dio duro, huevos chocando mis nalgas, jugos salpicando sábanas. Giró, dedo en mi culo apretado, ‘Prepárate para anal, Annabella’. Lubriqué con mi propio flujo, polla resbalando adentro, dolor-placer quemando, ‘¡Más profundo, cabrón!’.
El polvo brutal y el regreso discreto
Gina y Sophie, sus actrices VIP, entraron riendo, pezones perforados brillando. Me lamieron tetas, dedos en coño mientras él me sodomizaba brutal, culo dilatado rojo. ‘Trágatela toda, guarra’, ordenó Sergio llegando, su verga de burro aún más ancha. Doble penetración: coño y culo llenos, gritando orgasmos, ‘¡Me corro, joder!’. Semen caliente en barriga, tetas, ellas lamiéndolo todo, lenguas en mi clítoris palpitante.
Exhausta, sudorosa, piel oliendo a sexo y champán. Manuel me dio cheque generoso, ‘Annabella, secreto de élite’. Me arreglé rápido: falda baja, top limpio con toallita húmeda, maquillaje fresco. Bajamos al salón, contratos firmados, copas tintineando. Él me guiñó, ‘Buena chica’. Todos sonriendo como si nada, miradas cómplices. Salí al yate de un socio, brisa marina calmando mi culo dolorido. Mañana, vida normal, pero este secreto me moja solo pensándolo.