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Mi Follada Brutal con el Flaco en el Yate Privado

Estábamos en mi yate privado, anclado en esa bahía exclusiva de la Costa Brava. El sol se ponía, tiñendo el mar de oro, y el aire olía a sal y a cuero nuevo de los asientos. Champagne Dom Pérignon en copas de cristal, burbujas picando en la lengua. Inversores VIP alrededor, trajes caros, relojes que valen fortunas. Yo, con mi vestido de seda negra ceñido, tacones Louboutin, sintiendo el poder en cada mirada.

Y ahí estaba él. El flaco del equipo legal. Maigre como un clavo, cara afilada, pelo rubio corto y soso, sin labios carnosos. Nada que ver con los Adonis musculosos que suelo follar. Pero yo… yo adoro a los flacos. Sus cuerpos estrechos, esa promesa de un coño… perdón, de una polla apretada, de un culito virgen que aprieta como un guante. Lo había visto antes. Esa tarde, subiendo a mi cabina principal, la puerta de la suya entreabierta por el viento. Luz tenue, él desnudo en el sofá de cuero, piernas abiertas, mano volando sobre su polla dura. Joder, qué vista. Se la meneaba con furia, mirando porno en la tablet, gemidos ahogados. Su pecho plano subiendo y bajando, pezones tiesos, culo contraído. Se corrió como un loco, leche espesa salpicando su tripa huesuda. Me quedé clavada, mi tanga mojada al instante. Tenía que follármelo.

Tensión en el Yate de Lujo

Ahora, en la sala de reuniones del yate, revisábamos contratos. Millones en juego. Papeles sobre la mesa de mármol, bolígrafos Montblanc. Él al otro lado, explicando cláusulas. Nuestros ojos se cruzaban. Yo sorbo champagne, lento, lamiendo el borde de la copa. Él tartamudea: ‘Eh… esta cláusula sobre… los activos…’. Sonrío, cruzo las piernas, la seda rozando mi piel. ‘Sigue, cariño, me encanta cómo lo dices’. Los demás no pillan nada, pero la tensión crece. Sus manos tiemblan en los dossiers. Yo me inclino, escote profundo, oliendo su colonia cara mezclada con sudor nervioso. ‘Ven a mi cabina después, para… detalles privados’. Asiente, rojo como un tomate.

La puerta se cierra. Espacio VIP solo nuestro. Luces tenues, música jazz suave. ‘Quítate eso’, le digo, voz ronca. Se desnuda torpe, polla ya tiesa, delgada pero larga, venosa. Lo empujo al sofá de cuero, huelo su piel pálida, salada. ‘Joder, eres tan flaco… me pone cachonda’. Le bajo los calzoncillos, su polla salta. La chupo de golpe, lengua en el glande, saboreando precum salado. Gime: ‘¡Dios, tu boca…!’. Le meto los huevos en la boca, chupando fuerte, aspirando. Él me agarra el pelo: ‘Para… o me corro ya’. Lo monto sin piedad. Mi coño chorreando, lo empalo. ¡Qué estrecho! Aprieta como un puño. ‘¡Fóllame duro, flaco!’. Cabalgo salvaje, tetas botando, uñas en su pecho huesudo. Él empuja desde abajo, polla golpeando mi cervix. ‘¡Tu coño… es una puta gloria!’. Cambio, perrito. Le meto un dedo en el culo estrecho, prieto. ‘¡Sí, ahí!’. Me la mete a saco, nalgadas en mi seda rasgada. Huelo cuero sudado, champagne derramado. Me corro primero, gritando, coño contrayéndose, chorros mojando sus huevos. Él no para, labra mi chocho. ‘¡Me corro… dentro!’. Siento su leche caliente, chorros potentes llenándome, desbordando por mis muslos.

El Sexo Crudo y el Secreto Elite

No para. Me pone de lado, suave ahora, besos en cuello. ‘Eres… increíble’. Yo jadeo: ‘Cállate y fóllame otra vez’. Se corre de nuevo, yo también, cara contraída, baba en la almohada de seda. Después, su boca en mi coño, lamiendo su propia corrida mezclada con mis jugos. Me corro en su lengua, temblando.

Minutos después, volvemos a la sala. Yo arreglo el vestido, labios rojos perfectos. Él camisa impecable. Champagne nuevo. ‘Gracias por los detalles privados’, digo guiñando. Los inversores aplauden el cierre del deal. Secretos de elite. Nadie sabe que su semen aún gotea por mi pierna. Adrenalina pura. Volveremos a firmar contratos… y a follar.

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