Era julio, calor pegajoso en la Costa Brava. Mi amor, ese tiburón de los negocios, retrasado por un contrato millonario en Barcelona. Yo no esperé: jet privado directo al puerto de Palamos, subí al yate nuestro, un Azimut 72 de 20 millones. Cuero italiano nuevo, olor a sal y riqueza. Me tiré en la terraza superior, bikini diminuto, champagne Dom Pérignon helado en copa de cristal. Sabía que vendría esa madrugada, después de cerrar el trato.
Llegó a las 5 AM, el sol rozando el horizonte rosa. Yo fingía dormir en la suite master, sábanas de seda negra pegadas a mi piel sudada. Oí sus pasos sigilosos, el clic de la puerta. Se desnudó, su cuerpo atlético oliendo a colonia cara y jet lag. Se acercó al king size, el aire cargado de tensión. Nuestras miradas se cruzaron antes en el lounge VIP del club anexo, firmando papeles entre sorbos de cava, sus ojos devorándome las tetas bajo el vestido ceñido. ‘Luego te follo como mereces’, murmuró. Ahora, aquí, el espacio era nuestro, privado total.
La Tensión en el Lounge Exclusivo
Se acurrucó abajo, sin ruido. Sentí su aliento caliente en mis nalgas abiertas, piernas flojas de sueño fingido. Mmm… el aroma de mi coño ya húmedo se mezcló con el cuero del yate y el mar. Dudó un segundo, eh… y ¡zas! Su lengua plana aplastó mi ano. Caliente, resbaladiza, viva. ‘¡Joder!’, gemí bajito, arqueando. Lamía en círculos, mutina, metiendo la punta. Vibraba contra mis pliegues, oliendo mi sudor íntimo, ese toque animal que enciende todo.
No paró. Bajó al coño, chupando labios hinchados, nectar salado en su boca. ‘Estás empapada, puta mía’, gruñó. Dos dedos entraron de golpe en mi chocho, curvándose al G-spot, masajeando esa esponja firme. ¡Ay, dios! Otro dedo en mi culo, lubricado con mi jugo, empujando phalange a phalange hasta la base. Follando ambos agujeros, ritmo salvaje. Mi pie rozó su polla rasurada, dura como hierro, venosa, goteando pre-semen tibio. La froté instintivo, planta contra tronco, sintiendo palpitar.
Explosión Brutal de Placer
‘¡Más fuerte, cabrón!’, jadeé, clavando uñas en sábanas. Su nariz aplastada en mi clítoris, lengua frenética, chupando como loco. Dedos martilleaban: pum-pum en coño, girando en ano. Sudor por todos lados, olor a sexo puro, cuero caliente. Mi vientre explotó, espasmos brutales, chorro caliente en su cara. ‘¡Sí, córrete, zorra!’, ordenó, lamiendo todo. Su polla resbalaba en mi pie, al borde, pero aguantó.
Me giré lenta, ojos vidriosos. ‘Ahora yo te monto’, susurré ronca, besando su boca jugosa de mí. Pero él sonrió pícaro: ‘Primero, etiqueta’. Se levantó, ducha rápida, yo igual. Vestidos impecables: yo, mini de seda roja; él, camisa blanca holgada. Bajamos a desayuno VIP en cubierta: caviar, fresas, mimosa burbujeante. Meseros sirviendo, nadie nota mis piernas temblando, su mirada cómplice. ‘Contrato cerrado, amor. Nuestro secreto élite’, guiñó. Brindamos, apariencias perfectas, pero bajo mesa, su mano en mi muslo promete más. Adrenalina de poder, placer exclusivo. Aún siento su lengua…