You are currently viewing Mi noche salvaje en el yate privado: polla dura y placer VIP

Mi noche salvaje en el yate privado: polla dura y placer VIP

Esta fin de semana en Ibiza, en el yate privado de mis amigos, todo cambió. Yo, Sofia, siempre rodeada de lujo, pero esa noche… uf, fue puro fuego. Llegamos al mediodía al puerto exclusivo. El yate brillaba bajo el sol, olor a sal y cuero nuevo de los asientos. Champagne Dom Pérignon en copas frías, burbujas que pinchan la lengua. Mathieu, el organizador, con su novia Katherine, ya estaban a bordo. Yo venía con Amélie, mi mejor amiga, pero sola, soltera y cachonda después de romper con mi ex.

Javier llegó poco después. Profesor de historia, pero con ese aire de poder discreto, como si supiera manejar contratos millonarios en secreto. Lo recordaba de una fiesta en un club VIP el año pasado. Morena, ojos que perforan, sonrisa que moja. Vestía camisa ajustada, pantalones que marcaban paquete. Nos miramos mientras servían caviar. ‘Qué calor, ¿no?’, le dije, rozando su brazo. Él sonrió, ‘Sí, pero tú lo haces peor’. Tension… subía con cada copa. Hablamos de viajes, de alumnos rebeldes, pero los ojos decían ‘te follo ya’.

El yate de lujo y la tensión que enciende todo

La noche cayó fresca sobre el mar. Todos alrededor de la piscina iluminada, risas, música lounge. Javier y yo acabamos solos en el bar del yate, coqueteando. Sus manos rozaban mi muslo bajo la mesa de mármol. ‘Ven a mi cabina, hace frío aquí fuera’, murmuró. El espacio VIP se volvió privado. Entramos, puerta cierra con clic suave. Olor a su colonia cara, cuero del sofá king size. Me quité la blusa de seda, tetas al aire, pezones duros por el aire acondicionado. ‘Joder, Javier, te quiero ahora’, le solté, sin filtro.

Él dudó un segundo, pero yo no. Le bajé los pantalones, saqué esa polla gruesa, venosa, ya tiesa. ‘Mmm, qué pedazo de verga’, gemí, lamiendo la punta, sabor salado. La chupé hondo, garganta apretada, saliva goteando. Él gime, mano en mi pelo: ‘Para, Sofia, o me corro ya’. Me levanté, besos salvajes, lenguas enredadas. Le quité todo, piel caliente contra la mía. Me tiré en la cama de sábanas egipcias, piernas abiertas. ‘Come mi coño, hazme gritar’.

El polvo intenso en la cabina y el secreto compartido

Él se arrodilló, lengua en mi clítoris hinchado, chupando como loco. Dedos dentro, dos, tres, curvados en mi punto G. ‘¡Sí, joder, así!’, jadeé, mordiendo la almohada de plumas. Olor a sexo mojado, gusto a mi propia excitación cuando me dio sus dedos a lamer. Orgasmos… uno, dos, caderas temblando. Luego, condón de su bolsillo –siempre preparado–. Me montó, polla embistiendo profundo. ‘¡Fóllame duro!’, grité bajito, no despertar al grupo. Posiciones: misionero, yo encima cabalgando, tetas rebotando; perrito, nalgadas en mi culo firme. Sudor mezclado con perfume caro. Él se corrió dentro del condón, gruñendo mi nombre, yo explotando otra vez, coño apretando.

Cambiamos condones, follamos toda la noche. Último polvo lento, él de pie, yo contra la pared de cristal con vista al mar negro. Gemidos ahogados, placer elite. Al amanecer, desperté desnuda bajo su camisa, oliendo a él. Caricias suaves en mis nalgas. ‘Buenos días, guapa’, sonrió. Salimos como si nada: desayuno con caviar, champagne mimosa. Amigos miraban pícaros, pero étiquette intacta. ‘Tuve frío, compartimos calor’, dijimos riendo. Secreto nuestro, de élite. Ese poder compartido… adictivo. Ahora, cada vez que veo un yate, mi coño palpita.

Leave a Reply