Ay, chicas, os lo juro, acababa de llegar al yate de mi vecino Andrés, ese dios musculoso con pasta a raudales. Mi marido, siempre con sus putos contratos en Rusia, me deja sola en la mansión. Pero esta noche, en este club flotante exclusivo, el aire huele a cuero nuevo de los asientos y sal marina. Brindamos con champán Dom Pérignon, burbujas que pinchan en la lengua, fresquitas. Él habla de fusiones empresariales, yo de mis ganas de algo más… caliente.
Sus ojos azules me recorren el escote, la seda de mi vestido rojo rozando mis pezones duros. ‘¿Sabes, Sofía? Tus curvas valen más que cualquier deal’, me suelta con voz grave. Me acerco, huelo su colonia cara, madera y almizcle. La cubierta VIP vibra con música suave, pero entre nosotros, la tensión es eléctrica. Sus manos rozan mi muslo ‘por accidente’, y yo… uf, siento mi coño humedecerse ya.
La tensión sube entre copas y contratos
De repente, me agarra la cintura. ‘Ven, te enseño la cabina principal’. El yate se aleja de la costa, luces de Mónaco parpadeando. Bajamos, la puerta se cierra con clic metálico. Espacio privado, alfombras persas, cama king size con sábanas de satén. ‘Aquí nadie nos molesta’, murmura, y me besa. Sus labios carnosos, sabor a whisky añejo. Manos por todas partes, subiendo mi vestido, tocando mi tanga empapada.
Me arranca el vestido, pechos al aire. ‘Joder, qué tetas tan perfectas’, gime lamiendo un pezón. Yo le bajo los pantalones, ¡madre mía, qué polla! Gruesa, venosa, tiesa como una barra de hierro, cabeza hinchada goteando pre-semen. La agarro, mis dedos apenas la rodean. ‘Mmm, chúpamela, Sofía’, ordena. Me arrodillo, olor a macho puro, la meto en la boca. Lengua alrededor del glande, succiono profundo, hasta la garganta. Él gime, ‘¡Sí, así, puta deliciosa!’.
El clímax sin filtros en la cabina privada
Me tumba en la cama, satén fresco contra mi piel caliente. Separa mis piernas, ‘Mira qué coño tan mojado y depilado’. Lengüetazo en el clítoris, ¡aaah! Chupa mi flujo, lengua dentro, dedos abriendo mi raja. ‘¡Oh, Andrés, no pares!’. Me corro rápido, chorros en su boca, cuerpo temblando. Él se pone encima, polla en mi entrada. ‘Te voy a follar como una perra’. Empuja, ¡dios, entra toda! Llena mi coño al máximo, roza el útero.
Me taladra salvaje, embestidas brutales, huevos golpeando mi culo. ‘¡Más fuerte, joder mi coño!’. Sudor goteando, olor a sexo intenso. Cambio posición, a cuatro patas, él me agarra las caderas, polla hundiéndose profunda. ‘¡Qué coño tan apretado, te voy a rellenar!’. Grito de placer, orgasmo tras orgasmo. ‘¡Me corro, puta!’. Siento su leche caliente inundándome, chorros potentes, desbordando mi coño.
Jadeamos, cuerpos pegados. Se retira, semen chorreando por mis muslos. Limpia con lengua, ‘Delicioso’. Nos vestimos, risas nerviosas. Subimos a cubierta, como si nada. Él brinda de nuevo, ‘Por los buenos negocios’. Yo sonrío, coño palpitando aún. Nuestro secreto de élite, en este mundo de yates y poder. Mañana, mi marido vuelve… pero esto, solo nuestro.