Ay, chicas, no os imagináis lo que viví ayer en ese yate privado del club exclusivo de Marbella. Me llamo Sofía, y por mi novia Lola, que necesitaba cerrar un deal gordo con inversores, me hice pasar por ella. Ella es rubia como yo, delgadita, y con mi vestido de seda rojo ajustado, nadie notaría el cambio. El aire olía a sal marina y cuero nuevo de los asientos. Brindamos con champán Dom Pérignon, burbujas frías en la lengua, dulces y picantes.
La reunión era en la sala VIP del yate, con vistas al Mediterráneo. Firmábamos contratos millonarios. El asistente, un chaval joven, Lionel, vigilaba todo solo. Moreno, traje impecable, pero con esa mirada de perrito nervioso. Yo al frente, primera en la mesa de caoba. Acabé mi parte en media hora, pero me quedé, fingiendo revisar cláusulas. Dos errores tontos para no sospechar.
La tensión sube entre contratos y miradas ardientes
Me aburría, así que empecé el jueguecito. Me quité la chaqueta, dejando ver mi top negro escotado. Sus ojos se clavaron en mis tetas, el encaje del sujetador asomando. ‘¿Todo bien?’, me preguntó con voz temblorosa. ‘Sí, gracias’, le sonreí, mordiendo el bolígrafo. Lo chupé despacio, la boca húmeda, saliva brillando. Él se removió en su asiento, el cuero crujiendo.
Pasé la mano por mi pelo largo, soltándolo en cascada. Luego, crucé las piernas, la falda plisada subiendo un poco. Olía su colonia cara, mezclada con sudor nervioso. Se levantó a ‘patrullar’, pero volvía cada rato a mirarme. Fingí que se me caía un contrato, me agaché, dándole vista al escote. Sus pupilas se dilataron. ‘¿Necesitas ayuda?’, balbuceó. ‘No, gracias… ups’, y al levantarme, la falda se enganchó, mostrando mis ligueros negros y un flash de mi tanga de encaje.
Pero no paré. En el baño del yate, me quité la tanga, la guardé en el bolso. Volví, crucé las piernas despacio. Ahora, nada. Su cara… dios, roja como un tomate. Vio mi coño depilado, liso, húmedo ya de la adrenalina. Se quedó paralizado, la polla abultando en los pantalones. El yate zumbaba suave, olas chocando. Nadie notó las copias de contratos pasando atrás mientras él babeaba.
Fin de la reunión. Firmé por Lola, imitando su garabato, y salí con una sonrisa. Él me devoraba con los ojos, pero el espacio VIP se volvió privado cuando llegamos a la suite del hotel contiguo. Allí estaba Lola, y llegaron sus amigos VIP, Alexia y su novio. ‘¡Dónde estabas!’, dice él. ‘Yo estaba allí, firmando’, rió Lola presentándome. Se cachondearon del lío.
El clímax brutal en la suite privada
‘Gracias a ti cerramos el deal’, dice Alexia, eufórica. ‘El asistente estaba ido, mirándote el coño todo el rato’. Sonreí pícara. ‘Hice lo que pude…’. Sylvain suelta: ‘Alexia me lo agradeció con una buena mamada’. ‘¡Oye!’, ella roja. ‘Pues yo no tengo nada’, digo yo. ‘¿En serio?’, pregunta Lola, mosqueada.
‘¿Y si me lo das tú?’, le digo a Alexia, guiñando. Ella duda, pero mis ojos suplicantes la pillan. Nos metemos en el baño de mármol, puerta cerrada. Huele a jazmín del gel de lujo. Me siento en el borde de la bañera de hidromasaje, subo la falda. ‘Lo mismo que a tu chico’. Se arrodilla, manos en mis muslos, caricias en los ligueros de seda. ‘Mmm, sin bragas… cachonda’.
Besa mis muslos, sube lento, lengua en mi vientre plano. Llego al coño, lame las labios, chupa el clítoris hinchado. ‘Joder, qué rico’, gimo. Dedos dentro, follando mi humedad, lengua girando. Mi coño palpita, jugos chorreando en su boca. Me corro fuerte, temblando, ‘¡Sí, chúpame más, puta!’. Gritos ahogados, placer brutal.
‘Para una que prefiere pollas, lo haces de vicio’, jadeo. Ella sonríe, cachonda, bajando el pantalón. ‘Ahora yo…’. ‘No, que venga tu novio’. Abro la puerta, él entra raudo. Gemidos salvajes tras la puerta. Lola frunce el ceño, pero yo la beso: ‘Esta noche te follo yo, amor. Somos libres, ¿no?’. Volvemos al salón, champán en mano, sonrisas perfectas. Secretos de élite, como si nada. Pero mi coño aún palpita.